Política

Uribe defiende apoyo militar de EE. UU. y dice que fortalece la soberanía

Hace 3 horas

Álvaro Uribe salió a respaldar las operaciones militares de Estados Unidos en Colombia y aseguró que no representan una violación de la soberanía, sino una forma de recuperarla frente al narcoterrorismo. Su postura reabre un debate sensible sobre seguridad, dependencia y control territorial.

Álvaro Uribe volvió a poner sobre la mesa una de las discusiones más sensibles de la política colombiana: el papel de Estados Unidos en la seguridad del país. El expresidente sostuvo que las operaciones militares del país norteamericano en Colombia no constituyen una violación de la soberanía, sino, por el contrario, una forma de recuperarla frente al poder del narcoterrorismo. Su argumento se apoya en la idea de que la cooperación en equipos, tecnología e inteligencia ha sido decisiva para enfrentar a las estructuras criminales que hoy desafían al Estado en varias regiones.

Según informó El Tiempo - Política, Uribe defendió la asistencia estadounidense como una herramienta práctica para derrotar a los grupos asociados al narcotráfico y al terrorismo, dos fenómenos que en Colombia suelen entrelazarse con la violencia armada, el control de rutas ilícitas y la captura de territorios. En esa lectura, la ayuda de Washington no sería una intromisión, sino un refuerzo externo para una capacidad estatal que durante décadas ha resultado insuficiente frente a economías ilegales cada vez más sofisticadas. El exmandatario insistió en que la clave está en los medios con los que se libra la guerra: inteligencia, tecnología y apoyo operativo.

El pronunciamiento no es menor porque toca una fibra histórica de la relación bilateral. Colombia ha dependido durante años del respaldo estadounidense, tanto en la lucha antidrogas como en la modernización de sus fuerzas de seguridad, y esa alianza ha sido defendida por sectores que la consideran indispensable para contener a organizaciones armadas y carteles transnacionales. Pero también ha sido cuestionada por voces que ven en esa cooperación un riesgo de subordinación política, una ventana para la intervención extranjera y una fórmula que no ha resuelto las causas estructurales del narcotráfico ni de la violencia rural. En el fondo, el debate no solo es militar: también es político, territorial y simbólico. Habla de quién define la estrategia de seguridad del país y hasta dónde puede llegar la ayuda internacional sin erosionar la autonomía nacional.

La declaración de Uribe llega en un momento en el que el país sigue discutiendo cómo enfrentar el avance de grupos armados, el reacomodo de las rentas ilegales y la presión que el narcotráfico ejerce sobre instituciones, comunidades y economías locales. Para quienes viven en zonas golpeadas por la violencia, la discusión sobre soberanía puede sonar lejana frente a una realidad más concreta: la presencia de actores armados, el miedo cotidiano y la ausencia efectiva del Estado. Por eso, el impacto de este tipo de posiciones no se limita al intercambio entre élites políticas; también influye en cómo Colombia imagina su seguridad futura, si apostará por más cooperación externa o por una estrategia propia capaz de sostenerse sin depender tanto de Washington.

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