Política

Uribe propone unir la UNGRD y el Fondo de Adaptación para reducir el Estado

Hace 1 hora

Álvaro Uribe reavivó el debate sobre el tamaño del Estado al proponer la fusión entre la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y el Fondo de Adaptación. La idea apunta a recortar duplicidades y, según su planteamiento, hacer más eficiente la administración pública.

El expresidente Álvaro Uribe volvió a poner sobre la mesa una de sus banderas clásicas: reducir el tamaño del Estado. Esta vez sugirió fusionar la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) con el Fondo de Adaptación, una movida que, según su visión, serviría para adelgazar la estructura pública y ganar eficiencia administrativa.

De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, el exmandatario considera que ambas entidades cumplen funciones que podrían articularse en una sola arquitectura institucional. La propuesta se inscribe en un debate que en Colombia reaparece cada cierto tiempo: cuánto aparato estatal es necesario para responder a emergencias, ejecutar obras de mitigación y atender los efectos del cambio climático sin duplicar gastos ni competencias.

La discusión no es menor. La UNGRD ha sido una pieza clave en la atención de desastres naturales, mientras que el Fondo de Adaptación nació para responder a los daños causados por el fenómeno de La Niña y posteriormente amplió su radio de acción en infraestructura y resiliencia. Fusionarlas podría traer ahorros y simplificación, pero también abre interrogantes sobre capacidad operativa, especialización técnica y rapidez de respuesta en un país golpeado por inundaciones, deslizamientos y emergencias recurrentes. En otras palabras: menos burocracia no siempre equivale a más eficacia si la reorganización termina debilitando la atención en territorio.

El planteamiento de Uribe también tiene una lectura política. Su insistencia en un Estado más liviano conecta con el discurso de sectores que ven en la expansión institucional una fuente de ineficiencia y gasto excesivo. Pero en un país donde la gestión del riesgo no es un asunto abstracto sino una necesidad cotidiana para millones de familias en zonas vulnerables, cualquier reforma de este tipo debería medirse no solo por el tamaño del organigrama, sino por su capacidad real de anticipar tragedias y responder a tiempo cuando el desastre ya golpeó.

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