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Del Nido se ofrece a Marlaska para aportar ideas sobre la reforma de las cárceles

Hace 1 hora
Del Nido se ofrece a Marlaska para aportar ideas sobre la reforma de las cárceles

Imagen: El País

José María del Nido, ex presidente del Sevilla y abogado, se ha ofrecido públicamente al ministro Fernando Grande-Marlaska para colaborar en la modernización de las cárceles españolas. Dice que su paso por prisión le da una perspectiva útil sobre un sistema que considera desfasado.

José María del Nido, ex presidente del Sevilla FC y abogado, ha dado un paso poco habitual al ponerse a disposición del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para colaborar en una eventual reforma del sistema penitenciario español. Su argumento es directo: cree que su formación jurídica y sus tres años en prisión le permiten hablar con conocimiento de causa sobre un modelo que, a su juicio, sigue anclado en esquemas antiguos y necesita una actualización de fondo.

Según informó El País, del Nido sostiene que la experiencia personal de haber estado privado de libertad le ha permitido observar de primera mano las carencias del sistema y pensar en cambios que, dice, podrían hacerlo más eficiente y humano. No plantea su ofrecimiento como una reivindicación política ni como una maniobra mediática, sino como una propuesta de colaboración dirigida al Ministerio del Interior, en un momento en que el debate sobre la reinserción, las condiciones carcelarias y la modernización institucional vuelve a ganar espacio en España.

La propuesta tiene una lectura más amplia que la anécdota del personaje. Del Nido no es un perfil cualquiera: su trayectoria pública está marcada por la gestión deportiva, la abogacía y también por su paso por prisión, una combinación que le permite apelar a una autoridad poco común cuando habla del mundo penitenciario. Pero que alguien con su historial se ofrezca a asesorar sobre cárceles también abre preguntas incómodas sobre cómo se construyen las voces legítimas en un debate que debería estar dominado por técnicos, juristas, funcionarios y especialistas en reinserción. En el fondo, la discusión no es solo si un ex reo puede aportar ideas valiosas, sino qué tan dispuesto está el Estado a escuchar diagnósticos incómodos sobre un sistema que suele cambiar lento y resistirse a la autocrítica.

El caso también conecta con una conversación de mayor alcance: la de la reforma penitenciaria en Europa y, en particular, la necesidad de adaptar las cárceles a estándares más modernos de rehabilitación, salud mental y prevención de la reincidencia. Si la oferta de del Nido prospera o al menos logra abrir debate, pondrá sobre la mesa una cuestión de fondo: quién tiene derecho a influir en las políticas públicas después de haber vivido sus consecuencias más duras. Y en un país donde las prisiones suelen aparecer solo cuando hay escándalo o conflicto, cualquier discusión seria sobre su modernización debería importar mucho más de lo que parece a simple vista.

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