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FBI captura en Venezuela al último de sus diez más buscados y golpea red delictiva regional

Hace 6 horas

El FBI anunció la captura en Venezuela de Aníbal Alexander Canelón Aguirre, señalado como el último fugitivo de su lista de los diez más buscados. Lo acusan de liderar una conspiración internacional para robar millones mediante ataques a cajeros automáticos, con una recompensa de hasta un millón de dólares.

La captura de Aníbal Alexander Canelón Aguirre cierra uno de los casos más llamativos del FBI en los últimos años: el hombre señalado como el último prófugo de su lista de los diez más buscados cayó en Venezuela, acusado de participar en una red transnacional dedicada a saquear cajeros automáticos y mover dinero robado a gran escala. Su apodo, “el primer fugitivo cibernético”, no es un detalle menor: resume la mezcla de crimen financiero, tecnología y coordinación internacional que convirtió este expediente en una prioridad para las autoridades estadounidenses.

De acuerdo con la información divulgada por el FBI y retomada por clarin colombia, Canelón Aguirre estaba requerido por conspiración internacional para cometer fraude y robo de millones de dólares mediante ataques a sistemas de cajeros automáticos. La investigación lo vincula con la operación conocida como Prometheus, una estructura delictiva que habría combinado herramientas digitales con logística criminal en distintos países para vulnerar retiros masivos de efectivo. La recompensa por datos que llevaran a su captura había alcanzado el millón de dólares, una señal clara de que Washington lo consideraba una pieza central dentro de una red más amplia y no un simple ejecutor.

El nombre de Prometheus aparece además conectado con el Tren de Aragua, la banda criminal venezolana que en los últimos años ha ampliado su radio de acción hacia varios países de América Latina y Estados Unidos. Ese vínculo no solo eleva el perfil del caso, sino que lo inserta en una discusión mayor: la internacionalización del delito organizado y su capacidad para mutar. Ya no se trata únicamente de extorsión, trata o narcotráfico; también hay un frente más sofisticado, donde el dinero en efectivo, las redes digitales y la movilidad transfronteriza se cruzan con grupos que operan desde jurisdicciones inestables o difíciles de controlar. Para Colombia y Estados Unidos, esto importa porque los ataques financieros y la circulación de estas estructuras afectan a bancos, comercios y, en última instancia, al usuario común que enfrenta costos más altos de seguridad y fraudes cada vez más elaborados.

Más allá del golpe policial, el caso deja una advertencia de fondo: las listas de fugitivos más buscados siguen siendo útiles, pero el verdadero desafío está en la capacidad de cooperación internacional para desmantelar redes que ya no dependen solo de un territorio ni de un método. Si la versión del FBI se sostiene en los tribunales, la caída de Canelón Aguirre marca un golpe importante contra una red que combinó delito cibernético, robo masivo y expansión criminal regional. Pero también confirma algo incómodo: el crimen organizado latinoamericano sigue innovando más rápido que muchas respuestas estatales.

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