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Granada retira a Ariana Harwicz tras su rechazo al boicot cultural contra Israel

Hace 1 hora
Granada retira a Ariana Harwicz tras su rechazo al boicot cultural contra Israel

Imagen: El País

El festival Cultur Alh de Granada retiró a Ariana Harwicz de su programación tras su rechazo al boicot cultural contra Israel. La escritora argentina denunció censura y dijo que los organizadores “cedieron al terror” ante la polémica.

El festival Cultur Alh de Granada ha dejado fuera de su programación a la escritora argentina Ariana Harwicz después de que esta se desmarcara del boicot del mundo cultural a Israel, una decisión que reabre el debate sobre los límites entre la libertad de expresión, la presión militante y la organización de actos públicos en un contexto de alta polarización. La polémica no es menor: la retirada se produjo justo cuando estaba previsto un debate sobre su obra, en un espacio abierto de la ciudad, y la autora respondió acusando a los organizadores de haber claudicado ante el miedo.

Según informó El País, la organización sostuvo que habría sido imposible celebrar con normalidad una conversación pública en la plaza donde estaba previsto el encuentro, dada la tensión generada alrededor de la postura de Harwicz. La autora, conocida por una obra literaria que incomoda y divide, se mostró crítica con el boicot a Israel promovido por sectores culturales en distintos países y eso bastó para que su presencia se volviera insostenible para el festival. En su reacción, la novelista interpretó la decisión como una forma de censura y afirmó que los responsables del evento terminaron “cediendo al terror”, una frase que resume el clima de hostilidad que rodea hoy cualquier discusión vinculada con Gaza, Israel y el papel de la cultura.

El caso importa más allá de Granada porque muestra cómo el conflicto en Oriente Medio ha penetrado de lleno en el espacio cultural europeo y latinoamericano, donde cada invitación, cada mesa redonda y cada firma de apoyo o rechazo puede convertirse en una prueba de fuego política. En el fondo, lo que está en disputa no es solo la presencia de una escritora en un festival, sino la capacidad de las instituciones culturales para sostener debates incómodos sin convertirlos en un campo de batalla. Para el público general, esto se traduce en un mensaje preocupante: cuando el desacuerdo ideológico impone vetos o autocensura, la conversación pública se achica y gana terreno la lógica del castigo antes que la del intercambio.

Este episodio también deja al descubierto una contradicción frecuente en el mundo cultural: se exige pluralidad, pero a la hora de administrar una controversia real muchos organizadores optan por evitar el conflicto antes que defender el pluralismo. Granada se convierte así en otro escenario donde la guerra, aunque ocurra a miles de kilómetros, ordena agendas locales y redefine quién puede hablar y quién queda fuera. Y en ese desplazamiento, la cultura corre el riesgo de dejar de ser un lugar para pensar lo imposible y pasar a ser apenas un territorio donde solo caben las posiciones aceptables para la mayoría.

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