Hacienda desafía el veto del Congreso y sigue adelante con los Presupuestos

Imagen: El País
El Gobierno español seguirá adelante con los Presupuestos de 2026 pese al rechazo del Congreso a la senda fiscal. Hacienda sostiene que tiene respaldo jurídico para no detener el trámite y abrir un escenario político inusual.
El Gobierno de España ha decidido no frenar la elaboración de los Presupuestos de 2026 aunque el Congreso haya tumbado la senda de estabilidad, el paso previo que fija los objetivos de déficit y deuda. Según informó El País, el Ministerio de Hacienda defiende que la Abogacía del Estado avala seguir con el procedimiento, una postura que evita una parálisis inmediata pero abre un pulso político y jurídico de alto voltaje en Madrid.
La decisión no es menor porque la senda fiscal es la base sobre la que se construyen las cuentas públicas: define cuánto puede gastar cada administración y cuánto margen tiene para endeudarse. El rechazo parlamentario, en condiciones normales, suele obligar al Ejecutivo a recalibrar su estrategia, pero en este caso Hacienda interpreta que el veto del Congreso no bloquea el trámite completo. En la práctica, el Gobierno intenta ganar tiempo y mantener viva la negociación con sus socios mientras insiste en que presentar el proyecto presupuestario es compatible con ese revés parlamentario.
Lo relevante de fondo es que España entra en un terreno poco habitual. Si el Ejecutivo logra seguir adelante, lo hará con una lectura jurídica que puede chocar con la interpretación de la oposición y de parte de los expertos, que verán en este movimiento una forma de sortear un rechazo político claro. El episodio refleja, además, la fragilidad de la mayoría que sostiene a Pedro Sánchez y la dificultad creciente para pactar las cuentas en un Congreso fragmentado, donde cada votación puede convertir un trámite técnico en una batalla de poder. Para los ciudadanos, la discusión no es abstracta: de estas cuentas dependen inversiones, servicios públicos y el margen del Estado para responder a una economía que sigue marcada por la presión del gasto, el cumplimiento de las reglas fiscales europeas y la incertidumbre parlamentaria.
El escenario que se abre es insólito porque combina dos lógicas en tensión: la legal, que Hacienda dice tener de su lado, y la política, que ya ha dejado claro que la senda no cuenta con respaldo suficiente. Si el Gobierno insiste, el Presupuesto nacerá no solo bajo presión, sino con la señal de que su negociación será mucho más áspera de lo previsto. Y si acaba encallando, el coste no será solo institucional: también puede traducirse en una sensación de bloqueo que termine afectando la confianza sobre la capacidad del Ejecutivo para gobernar con estabilidad.




