Brasil cierra más de 500 webs de apuestas y Lula endurece su ofensiva electoral
El Gobierno de Brasil bloqueó 506 páginas de apuestas deportivas ilegales tras la prohibición decretada por Lula da Silva. La medida abre una nueva pulseada con las casas de juego, las redes sociales y los clubes de fútbol.
El Gobierno de Brasil dio un golpe de autoridad sobre uno de los negocios digitales que más creció en los últimos años: bloqueó 506 páginas web que ofrecían apuestas deportivas de forma irregular, apenas días después de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ordenara prohibir esta actividad. La decisión no solo apunta a cortar el acceso a plataformas sin autorización, sino también a frenar la expansión de nuevos operadores en un mercado que movió cifras gigantescas y que, al mismo tiempo, dejó una estela de críticas por su impacto social.
Según informó el Ejecutivo brasileño, la ofensiva fue lanzada de manera conjunta por los ministerios de Justicia y Hacienda, con el objetivo de interrumpir el funcionamiento de sitios ilegales y cerrar el paso a nuevas páginas. En paralelo, las autoridades detectaron publicidad de empresas de apuestas en redes sociales y pusieron sobre la mesa una reunión con Meta, Google y TikTok para exigir la retirada de esos anuncios. La señal es clara: Brasil no quiere limitarse a bloquear portales, sino intervenir toda la cadena de promoción y captación de usuarios que sostiene este negocio en internet.
La decisión de Lula llega con una carga política evidente. El mandatario firmó el decreto el viernes, a poco más de una semana de unas elecciones en las que busca la reelección, y endureció su discurso sobre las apuestas al compararlas con una adicción destructiva y asociarlas al endeudamiento de las familias. El giro es notable si se recuerda que en 2023 fue su propio gobierno el que impulsó la regulación del sector, que hasta entonces operaba sin normas claras. Ahora, con la campaña encima, el presidente parece dispuesto a mostrarse como un defensor de los hogares más vulnerables frente a un mercado que, aunque legalizado en parte, se expandió con una velocidad que desbordó la capacidad de control del Estado.
El trasfondo económico ayuda a entender por qué la discusión no se limita a un debate moral. En 2025, cerca de 25 millones de brasileños apostaron en este mercado, con un volumen estimado de 220.600 millones de reales, unos 42.500 millones de dólares. La recaudación tributaria vinculada al sector rondó los 9.000 millones de reales, una cifra nada menor para las cuentas públicas. Por eso los clubes de fútbol de primera división, muchos financiados por patrocinios de casas de apuestas, reaccionaron con dureza y advirtieron sobre el golpe a sus finanzas. Lula, sin embargo, ha minimizado ese temor y estudia medidas de apoyo. En el fondo, lo que se disputa en Brasil es algo más grande que una prohibición: es quién controla un negocio masivo que mezcla entretenimiento, adicción, publicidad y dinero, con efectos directos sobre las familias, los equipos deportivos y la relación entre el Estado y las plataformas digitales.



