EE. UU. revoca visas a Euclides Torres y Martha Peralta y eleva la presión sobre Petro
Imagen: El Tiempo - Política
Estados Unidos revocó la visa al empresario Euclides Torres, señalado por financiar eventos políticos de Gustavo Petro, y también a la senadora Martha Peralta, salpicada por el escándalo de la UNGRD. El golpe abre interrogantes sobre el costo político y diplomático de estas decisiones.
La revocatoria de la visa estadounidense al empresario Euclides Torres y a la senadora Martha Peralta mete un nuevo ruido en el ya deteriorado ambiente político alrededor del gobierno de Gustavo Petro. El caso de Torres pesa no solo por su cercanía con eventos ligados al petrismo, sino porque ahora su nombre queda asociado a una decisión que, aunque administrativa en apariencia, suele leerse en Colombia como una señal política de alto voltaje. En el caso de Peralta, la medida llega cuando su nombre ya venía enredado en el escándalo de la UNGRD, una de las crisis de corrupción más sensibles para el Ejecutivo.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo - Política, ambos quedaron incluidos en una decisión de autoridades estadounidenses que les quita el permiso para ingresar a ese país. El movimiento no es menor: la visa, en la práctica, funciona como un filtro diplomático y también como un símbolo de reputación pública en una relación bilateral donde Washington observa con lupa a figuras políticas, contratistas y operadores que orbitan alrededor del poder. En el caso de Torres, el foco está puesto en su papel como financiador de encuentros políticos del presidente Petro; en el de Peralta, la atención vuelve sobre una senadora que ya enfrenta un clima adverso por su presunta conexión con el entramado de la UNGRD, entidad golpeada por denuncias de corrupción y reparto de contratos.
Lo que importa aquí no es solo la anécdota migratoria, sino lo que revela sobre el momento político que atraviesa Colombia. Estados Unidos no acostumbra a mover este tipo de piezas sin un cálculo previo, y cada revocatoria termina enviando un mensaje a los círculos cercanos al poder: las alianzas, los contratos y los respaldos políticos pueden tener consecuencias más allá de la frontera. Para Petro, la noticia añade presión en un escenario donde ya enfrenta cuestionamientos por la procedencia de apoyos, la legitimidad de algunos de sus aliados y el costo reputacional de sostener vínculos que terminan bajo sospecha. Para la opinión pública, en cambio, el episodio refuerza una idea incómoda: que la crisis de la política colombiana ya no se queda en Bogotá, sino que también se proyecta hacia Washington.
En términos prácticos, la decisión sobre Torres y Peralta puede tener efectos distintos, pero comparten una misma señal de fondo: el margen de maniobra para los protagonistas de escándalos políticos se estrecha cuando entran en el radar estadounidense. Y eso, en un país tan atado a la relación bilateral con EE.UU., no es un detalle protocolario. Es una advertencia que puede impactar desde agendas diplomáticas hasta la percepción de legitimidad de quienes hoy siguen teniendo influencia en la vida pública colombiana.



