Sánchez celebra la victoria de Lula y augura una remontada en España

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El Gobierno español celebró la victoria de Lula en Brasil y la convirtió en munición política de cara a las elecciones del 29 de noviembre. Sánchez y varios ministros presentaron el resultado como señal de una posible remontada socialista en España.
El Gobierno de Pedro Sánchez celebró con entusiasmo la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta presidencial de Brasil y la leyó como un anticipo de su propia batalla electoral. El presidente vinculó el triunfo del líder brasileño con una supuesta “remontada global del progresismo” y aseguró que lo ocurrido en Brasil también pasará en España, donde el PSOE busca revalidar el poder en los comicios del 29 de noviembre.
Sánchez hizo ese paralelismo en un mensaje en la red social X, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, felicitó a Lula por una victoria que calificó de democrática y estratégica para la relación bilateral. En su intervención en RNE, Albares subrayó que Brasil es un socio clave para España por la agenda compartida en defensa del multilateralismo, el papel de Naciones Unidas, la democracia y el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur. En la misma línea, defendió que la votación brasileña demuestra que, al final, la única encuesta válida es la de las urnas.
El Ejecutivo español usó además el resultado en Brasil para reforzar su relato interno de campaña. El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, sostuvo que percibe una recuperación socialista en la calle, mientras que la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, describió el triunfo de Lula como una señal de que en España vencerá la democracia frente al odio, la desinformación y el negacionismo. El mensaje es claro: Moncloa intenta convertir una victoria en América Latina en un argumento doméstico para movilizar a su electorado y proyectar una sensación de inercia favorable.
Más allá de la celebración, la reacción del Gobierno revela cómo la política española mira a América Latina no solo desde la diplomacia, sino también desde la batalla ideológica interna. Brasil, por su peso económico y político, es un espejo útil para Madrid: un resultado allí sirve para alimentar discursos sobre el avance o el retroceso del progresismo. Pero la comparación tiene límites. Las elecciones españolas se jugarán en un contexto propio, con sus tensiones económicas, territoriales y sociales. Lo que sí deja esta reacción es una certeza: el Gobierno de Sánchez ya ha decidido disputar también el relato internacional en clave doméstica, y Brasil se ha convertido en parte de esa estrategia.




