El plan europeo de recuperación llega a su final con las pymes como principales beneficiarias

Imagen: El País
El Gobierno calcula que siete de cada diez beneficiarios del plan de recuperación europeo en España son pymes y autónomos. El mecanismo, que entra en su tramo final, habrá movilizado cerca de 100.000 millones de euros cuando cierre a final de año.
El plan de recuperación europeo en España entra en su recta final con una cifra que ayuda a dimensionar su alcance: el Gobierno estima que alrededor del 70% de sus beneficiarios han sido pymes y autónomos. Dicho de otro modo, la mayor parte del dinero canalizado a través de este mecanismo no ha ido a grandes corporaciones, sino al tejido empresarial que sostiene el empleo cotidiano, desde pequeños comercios hasta profesionales por cuenta propia y empresas de tamaño medio.
Según informó El País, el mecanismo movilizará en torno a 100.000 millones de euros desde su puesta en marcha hasta su cierre, previsto para finales de este año. La cifra no solo refleja la magnitud del programa, sino también el ritmo con el que España ha tratado de convertir los fondos europeos en inversión, ayudas y reformas. En un contexto de encarecimiento financiero, tensiones geopolíticas y todavía desigual recuperación tras la pandemia, la inyección de estos recursos ha funcionado como una red de apoyo para empresas que, en muchos casos, no podían permitirse esperar a una normalización lenta del mercado.
La relevancia del dato va más allá del reparto estadístico. Que el 70% de los beneficiarios sean pymes y autónomos significa que el plan ha tenido un impacto directo en el segmento más frágil del tejido productivo, el mismo que suele tener menos capacidad para endeudarse, digitalizarse o invertir en transición energética sin ayuda pública. En la práctica, eso ayuda a explicar por qué Bruselas insistió desde el inicio en que estos fondos debían servir para modernizar la economía y no solo para aliviar urgencias coyunturales. El cierre del mecanismo abrirá ahora otra discusión: cuánto de ese impulso se tradujo en cambios estructurales y cuánto se agotó en compensar carencias acumuladas.
Lo que viene después también importa. Si el plan se apaga a final de año, España tendrá que demostrar que el salto inversor no dependía únicamente del paraguas europeo. Para las pymes y los autónomos, que siguen siendo la base del empleo y de buena parte del consumo interno, el verdadero examen será si las mejoras financiadas con estos recursos se sostienen sin una nueva ola de ayudas. En tiempos de ajuste fiscal y mayor exigencia de productividad, esa es la pregunta de fondo: si el plan de recuperación dejó capacidad instalada o solo alivió el golpe del momento.




