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El Gobierno desafía al Supremo por el voto de los nacionalizados bajo la ley de nietos

Hace 2 horas
El Gobierno desafía al Supremo por el voto de los nacionalizados bajo la ley de nietos

Imagen: El País

La Abogacía del Estado ha recurrido la decisión del Tribunal Supremo que suspendió el voto de los nacionalizados por la llamada ley de nietos. El Gobierno sostiene que no hay riesgo por el aumento del censo y acusa al alto tribunal de extralimitarse.

El Gobierno ha dado un paso más en su pulso con el Tribunal Supremo por el alcance de la llamada ley de nietos. La Abogacía del Estado presentó un recurso contra la suspensión del derecho al voto de los nacionalizados al amparo de la Ley de Memoria Democrática, una decisión judicial que el Ejecutivo interpreta como un exceso sin base real, en un contexto en el que miles de personas en el exterior han iniciado trámites para recuperar la nacionalidad española y, con ella, sus derechos políticos.

Según informó El País, el Ejecutivo sostiene que no existe ningún riesgo derivado del crecimiento del censo electoral y que, por tanto, no hay razón jurídica para frenar la participación de estos nuevos ciudadanos en los comicios. La postura gubernamental busca desmontar el argumento de fondo del Supremo: que la ampliación del padrón podría alterar el equilibrio del proceso electoral o generar problemas administrativos. Para Moncloa, esa lectura no se sostiene ni en términos legales ni en términos prácticos, y menos aún en una norma que nació precisamente para reparar una exclusión histórica.

El choque no es menor. La Ley de Memoria Democrática abrió una puerta largamente esperada por descendientes de españoles, sobre todo en América Latina, para acceder a la nacionalidad por origen familiar. En países como Argentina, México, Cuba o Colombia, el proceso ha movilizado a cientos de miles de solicitantes y ha reactivado una relación con España que no es solo identitaria, sino también política y económica. Si el voto de los nacionalizados se restringe o se somete a interpretaciones judiciales más rígidas, el efecto no se limita a un debate técnico: toca derechos adquiridos, modifica expectativas y envía una señal preocupante sobre la seguridad jurídica de quienes han cumplido los requisitos de la ley.

Lo que está en juego, en el fondo, es quién decide el alcance real de una norma aprobada por el legislador y cómo se equilibran el control judicial y la voluntad política del Estado. El Gobierno intenta defender que ampliar el censo no amenaza la democracia, sino que la ensancha; el Supremo, en cambio, parece mirar el fenómeno con cautela institucional. Para miles de familias que esperaban completar un proceso de reparación histórica, la disputa tiene consecuencias muy concretas: no se trata solo de papeles ni de registros, sino de poder votar, participar y sentirse plenamente reconocidos por un país que muchos solo conocieron a través de la historia familiar.

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