El HIC opera un avión ambulancia propio y lo usó para salvar el traslado de un niño
Imagen: El Tiempo (Colombia)
El Hospital Internacional de Colombia opera un avión ambulancia propio, un jet medicalizado que funciona como UCI aérea y permite traslados de alta complejidad dentro y fuera del país. La aeronave fue clave para movilizar a Lucas Murillo, un niño con cardiopatía severa, desde Cúcuta hasta Bucaramanga.
El Hospital Internacional de Colombia (HIC) se convirtió en el único centro de alta complejidad del país que cuenta con su propio avión ambulancia, una aeronave medicalizada que opera como una unidad de cuidados intensivos en el aire. La capacidad de disponer de este recurso, según informó El Tiempo (Colombia), no solo amplía el alcance de atención del hospital, sino que también marca una diferencia concreta en casos donde cada minuto puede definir la supervivencia de un paciente. Su uso más reciente y visible fue el traslado de Lucas Murillo, un niño con una cardiopatía severa, desde Cúcuta hasta Bucaramanga.
La aeronave del HIC no es un servicio logístico más: está pensada para responder a emergencias de alta complejidad y para vuelos internacionales, lo que la ubica en una liga poco común dentro del sistema de salud colombiano. En la práctica, esto significa que pacientes críticos pueden ser movilizados con soporte médico avanzado durante todo el trayecto, algo esencial cuando la distancia, el estado clínico o la falta de camas especializadas vuelven imposible un traslado convencional. En el caso de Lucas Murillo, el avión ambulancia permitió ejecutar un desplazamiento rápido y seguro entre dos ciudades que, aunque relativamente cercanas en el mapa, representan un reto importante cuando se trata de un niño en condición delicada.
El dato es relevante por una razón de fondo: en Colombia, la red hospitalaria especializada sigue concentrada en pocos centros urbanos y el acceso oportuno a atención de alta complejidad continúa siendo desigual. Por eso, que una institución privada tenga un avión propio no es solo una muestra de capacidad operativa; también revela una brecha del sistema y la necesidad de soluciones de transporte médico más robustas. En casos como este, la aviación sanitaria deja de ser un lujo y se convierte en una extensión crítica del tratamiento. Para muchas familias, la diferencia entre conseguir un traslado especializado o depender de un sistema saturado puede traducirse en días perdidos, riesgo clínico y angustia extrema.
Más allá de la anécdota del vuelo que movilizó a Lucas Murillo, este caso pone sobre la mesa una discusión mayor: cómo garantizar que los pacientes con enfermedades graves, especialmente los niños, puedan llegar a tiempo a los centros que realmente pueden atenderlos. La existencia de este avión ambulancia del HIC muestra que la medicina de alta complejidad ya no se limita al quirófano o a la UCI; también se juega en la ruta, en la rapidez del traslado y en la capacidad de responder antes de que el estado del paciente se deteriore. En un país con profundas desigualdades territoriales, esa capacidad puede significar la diferencia entre una oportunidad y una tragedia.



