Colombia

Tulapas: 12 familias recuperan tierras despojadas en los años del paramilitarismo

Hace 4 horas

Doce familias antioqueñas recuperaron las tierras que les arrebataron en Tulapas tras una batalla judicial de una década. El fallo revierte un despojo ejecutado en los noventa por el Fondo Ganadero y los hermanos Castaño.

Doce familias campesinas de Antioquia lograron recuperar las tierras de Tulapas después de una batalla judicial de 10 años que terminó por desmontar un despojo cometido en los años noventa. Un juzgado ordenó revertir la apropiación ejecutada por el Fondo Ganadero y los hermanos Castaño, en un caso que vuelve a poner en el centro una de las heridas más profundas del conflicto armado en Colombia: la expulsión violenta de comunidades rurales para convertir la tierra en botín de guerra.

La decisión judicial representa mucho más que la devolución formal de un predio. Para estas familias, significa el reconocimiento de un despojo que se prolongó durante tres décadas y que estuvo atravesado por la expansión del poder paramilitar en regiones estratégicas de Antioquia. Según informó El Tiempo (Colombia), la sentencia llega luego de años de litigio y constituye un giro relevante en la reparación de víctimas de desplazamiento forzado, un problema que todavía marca a miles de hogares en el país. En términos prácticos, el fallo no solo restituye un derecho de propiedad: también valida la memoria de quienes fueron sacados de sus tierras bajo presión, miedo y violencia.

El caso de Tulapas importa porque resume el patrón con el que operó el despojo en amplias zonas rurales de Colombia: la combinación de intereses económicos, control armado y vacíos institucionales. Durante décadas, muchos campesinos denunciaron que fueron obligados a abandonar sus parcelas mientras terceros se quedaban con el territorio, lo ponían a producir o lo usaban como plataforma de poder local. La recuperación de estas tierras, aunque limitada en número, abre una señal política y jurídica de peso: sí es posible deshacer decisiones construidas sobre la violencia, aunque tarde años y requiera una persistencia judicial enorme. Para el campo colombiano, donde la tierra sigue siendo sinónimo de conflicto, propiedad y supervivencia, cada fallo de restitución tiene un efecto que va más allá del expediente: redefine quién puede volver, producir y permanecer.

Pero el caso también deja una advertencia incómoda. La restitución de tierras en Colombia avanza con lentitud y sigue enfrentando obstáculos de seguridad, pruebas, trámites y resistencias locales. Que 12 familias hayan ganado después de una década de litigio habla de la fuerza de la justicia, pero también de la magnitud del retraso estatal frente a miles de víctimas que aún esperan respuesta. Tulapas no cierra una historia: la convierte en evidencia de que el despojo no fue un daño colateral del conflicto, sino una estrategia sostenida cuyos efectos todavía se están pagando en los juzgados y en los territorios.

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