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El IBEX 35 recupera los 19.700 puntos tras el respiro del petróleo

Hace 1 hora

El IBEX 35 avanzó un 1,08 % y volvió a situarse por encima de los 19.700 puntos, apoyado por la caída del crudo y el descenso de la rentabilidad de la deuda. La jornada dejó a los bancos como principales impulsores y a Repsol como la gran rezagada.

El IBEX 35 cerró este lunes con una subida del 1,08 % y recuperó el nivel de los 19.700 puntos, en una sesión marcada por el alivio que generaron la caída del petróleo y la bajada de la rentabilidad de la deuda. El principal índice de la Bolsa española ganó 210,6 puntos y terminó en 19.724,4 enteros, un avance que lo deja con una revalorización del 13,96 % en lo que va de año.

La jornada arrancó con tono positivo desde primera hora, con un rebote cercano al medio punto, y fue ganando fuerza a medida que el mercado digería dos factores clave: el retroceso del crudo y la expectativa por la reunión entre Donald Trump y Xi Jinping, en una semana en la que los inversores también miran con cautela las dudas que siguen rodeando al negocio de la inteligencia artificial. En ese contexto, la presión sobre los costes energéticos cayó del lado de los compradores y ayudó a mejorar el apetito por riesgo en los parqués europeos.

Dentro del selectivo, los bancos volvieron a actuar como locomotoras del índice. BBVA lideró las subidas con un alza del 1,99 %, seguido por Banco Santander, que avanzó un 1,72 %. También terminaron en positivo Inditex, Telefónica e Iberdrola, aunque con movimientos más discretos, mientras que Repsol se desmarcó del tono general y cedió un 1,25 %. El comportamiento desigual de las grandes cotizadas refleja bien el momento del mercado: cuando baja el petróleo, el alivio se reparte entre buena parte de la economía, pero las energéticas suelen pagar la factura en bolsa.

Más allá del dato de cierre, lo relevante es la lectura de fondo. Un petróleo más barato reduce tensiones inflacionarias y puede dar margen a los bancos centrales para no endurecer más su política monetaria, algo que los inversores observan de cerca porque afecta al coste de financiación, al consumo y a la inversión. Para la economía real, este tipo de movimientos no se traducen de inmediato en una mejora tangible, pero sí pueden ir rebajando la presión sobre empresas y familias en un entorno todavía dominado por la incertidumbre geopolítica y por la sensibilidad de los mercados a cualquier señal desde Washington, Pekín o Teherán.

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