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Kitchen destapa la guerra interna en la cúpula policial del PP

Hace 2 horas
Kitchen destapa la guerra interna en la cúpula policial del PP

Imagen: El País

El juicio del caso Kitchen volvió a exhibir la guerra interna en la Policía durante los años del PP. El exjefe policial de Mariano Rajoy acusó a Ignacio Cosidó de desentenderse y la defensa de Eugenio Pino arremetió contra el principal investigador de Gürtel.

El juicio por la operación Kitchen volvió a poner al descubierto algo más profundo que una presunta trama de espionaje ilegal: la fractura interna que atravesó la cúpula policial en los años del gobierno de Mariano Rajoy. En la Audiencia Nacional, el exjefe de la Policía Nacional, según informó El País, cargó contra Ignacio Cosidó por su papel durante aquellos hechos y lo describió como un responsable que evitó implicarse cuando estalló el escándalo. Al mismo tiempo, la defensa de Eugenio Pino decidió apuntar contra el inspector que investigó Gürtel, a quien acusó de haberse comportado como si controlara por completo la investigación. El intercambio deja una impresión clara: más que una línea de mando sólida, lo que había era una policía atravesada por lealtades, guerras internas y una batalla por el control de información sensible.

Las declaraciones conocidas en esta sesión judicial no solo buscan deslindar responsabilidades penales; también revelan cómo se movía el poder dentro del Ministerio del Interior en aquellos años. De acuerdo con lo expuesto en sala y recogido por El País, la defensa de Pino trató de desacreditar al investigador principal del caso Gürtel, sosteniendo que había asumido un protagonismo excesivo en el caso. Ese giro defensivo no es menor: en procesos como Kitchen, cada testimonio intenta mover el foco hacia otro lado, diluir jerarquías y sembrar dudas sobre quién ordenó, quién supo y quién calló. La referencia a Cosidó, por su parte, añade otra capa al rompecabezas: la de un mando político y policial que, según la acusación que se escuchó en el juicio, habría optado por tomar distancia precisamente cuando se reclamaban explicaciones.

Kitchen sigue importando porque no se trata solo de una pieza más del largo expediente de corrupción del PP, sino de un caso que apunta al uso del aparato del Estado para proteger intereses partidistas y ocultar información comprometida. Si lo que se discute en la Audiencia Nacional es cómo se coordinó el espionaje al extesorero Luis Bárcenas, el debate de fondo es todavía más serio: qué ocurrió cuando una parte de las instituciones dejó de actuar con neutralidad. Para la ciudadanía, eso toca un nervio especialmente sensible, porque habla de una policía que no solo debía perseguir delitos, sino que, según la tesis de la causa, habría sido utilizada para intervenir en una batalla interna del poder. Esa desconfianza no es gratuita: erosiona la credibilidad del Estado y alimenta la sensación de que las reglas no son iguales para todos.

El valor político y judicial de este tramo del juicio está precisamente en la disputa por la narrativa. Cada comparecencia intenta fijar una versión distinta de los hechos, pero el resultado hasta ahora es el mismo: la Kitchen aparece menos como una operación aislada y más como el síntoma de una estructura que funcionó bajo presión, con mandos enfrentados y silencios estratégicos. Y mientras los acusados buscan repartir culpas, la pregunta que sigue sin disiparse es la más incómoda de todas: quién decidió usar la policía para proteger al poder y hasta dónde llegó esa cadena de mando.

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