Estados Unidos

El Kremlin usa el avance de AfD para atacar el giro energético de Alemania

Hace 1 día
El Kremlin usa el avance de AfD para atacar el giro energético de Alemania

Imagen: El País

El Kremlin aprovechó los resultados de la ultraderecha alemana para atacar la política energética de Berlín y a Washington. Dmitri Peskov ligó el avance de AfD al rechazo social por haber sustituido el gas ruso barato por energía estadounidense más cara.

El Kremlin convirtió el avance electoral de la ultraderecha alemana en una nueva munición contra Occidente. Dmitri Peskov, portavoz de la presidencia rusa, aseguró que el buen resultado de Alternativa para Alemania (AfD) en las elecciones regionales refleja el malestar de una parte del electorado por la decisión de abandonar el gas ruso barato y recurrir a energía estadounidense más cara. El mensaje es claro: Moscú busca presentar el giro energético de Berlín no solo como un error económico, sino como una decisión con costo político interno.

Según informó El País, Peskov relacionó directamente el ascenso de AfD con el descontento social generado por el aumento de los precios de la energía en Alemania. La lectura del Kremlin no es casual. Desde la invasión rusa de Ucrania y la ruptura parcial del suministro energético entre Europa y Rusia, el precio del gas se convirtió en uno de los puntos más sensibles para hogares e industrias alemanas. La transición hacia otras fuentes, incluida la importación de gas natural licuado desde Estados Unidos, ayudó a diversificar el suministro, pero también dejó a Berlín expuesto a críticas por el encarecimiento de la factura energética en plena crisis inflacionaria.

El trasfondo político es más amplio que una discusión técnica sobre contratos de energía. Rusia intenta alimentar la idea de que las sanciones y la desconexión del gas ruso castigaron a los ciudadanos comunes en Europa más de lo que perjudicaron al propio Kremlin. Ese argumento encuentra eco en sectores que perciben pérdida de poder adquisitivo, inseguridad económica y desgaste de los partidos tradicionales. En Alemania, donde la economía es especialmente sensible al costo industrial de la energía, cualquier aumento en los precios tiene efectos que van desde la calefacción doméstica hasta la competitividad de fábricas y exportadores. Por eso el avance de AfD no puede leerse solo como una sorpresa electoral: también es un síntoma de cómo la política energética se ha convertido en combustible para el voto de protesta.

La jugada de Moscú también apunta a un objetivo geopolítico más profundo: debilitar la cohesión europea y erosionar la confianza en la alianza atlántica. Al asociar la transición energética con malestar social y con el supuesto beneficio de Estados Unidos, el Kremlin intenta sembrar dudas sobre el costo real de romper con Rusia. En la práctica, el debate revela algo incómodo para Europa: la seguridad energética tiene precio, y ese precio puede terminar traduciéndose en votos. Para los ciudadanos, el asunto no es abstracto; se mide en la factura de la luz, en el costo del transporte y en la presión sobre los salarios. Y para la política alemana, la advertencia es todavía más seria: cuando la energía se convierte en campo de batalla, la extrema derecha encuentra terreno fértil para crecer.

Noticias relacionadas