El papa cierra el Consistorio con un llamado a la paz y una alerta sobre el poder

Imagen: clarin colombia
El papa cerró las cuatro sesiones del Consistorio con un nuevo llamado a la paz y una oración por las víctimas de los terremotos en Venezuela. Ante 178 cardenales, puso en el centro la no violencia, la pobreza y el bien común como ejes de la discusión eclesial y política global.
El papa cerró las cuatro sesiones del Consistorio con un mensaje que volvió a ubicar a la Iglesia en el terreno más sensible de la coyuntura global: la paz. Ante 178 cardenales, el pontífice no solo insistió en la necesidad de frenar la lógica de la guerra, sino que también elevó una oración por las víctimas de los terremotos en Venezuela, un gesto que conecta el debate interno del Vaticano con el drama concreto que viven hoy comunidades golpeadas por la emergencia y la fragilidad social en América Latina.
Según informó Clarín Colombia, en su intervención final el pontífice retomó los grandes asuntos que habían atravesado las cuatro sesiones: la no violencia, la pobreza, el multilateralismo, la juventud, la familia y la defensa del bien común. El mensaje no fue decorativo ni espiritualizado en exceso; tuvo una lectura claramente política en el mejor sentido de la palabra, porque puso en discusión el modo en que se ejerce el poder en el mundo. El papa advirtió que la guerra no puede entenderse solo como un choque entre Estados, sino también como el resultado de una cultura de dominación que se apoya en la economía, la tecnología y hasta la religión para imponer intereses y debilitar a las sociedades más vulnerables.
Ese énfasis importa más de lo que parece. En un contexto internacional marcado por guerras abiertas, tensiones geopolíticas y una creciente desconfianza hacia los organismos multilaterales, el Vaticano intenta recuperar un lenguaje moral que no se quede en la exhortación abstracta. La insistencia del papa en la pobreza y el bien común también tiene una traducción inmediata para América Latina, donde la desigualdad, la violencia y la precariedad institucional siguen condicionando la vida cotidiana de millones. Y cuando coloca a los jóvenes y la familia dentro de ese mismo marco, el pontífice está subrayando que la crisis no es solo de gobernabilidad, sino también de tejido social y de horizonte colectivo.
La referencia a Venezuela añade una dimensión todavía más cercana para la región. Orar por las víctimas de los terremotos en ese país no es un gesto menor: es una forma de recordar que los desastres naturales golpean con mucha más fuerza donde el Estado llega tarde, los servicios son frágiles y la población ya vive al límite. En ese sentido, el cierre del Consistorio dejó una señal clara: la Iglesia quiere seguir interviniendo en los grandes debates del mundo, pero lo hace desde una agenda que mezcla diplomacia, denuncia y cercanía con el sufrimiento concreto. Y en tiempos de polarización, esa combinación sigue teniendo peso tanto en Roma como en América Latina.



