Thierry Ways ve una oportunidad real para descentralizar Colombia
Imagen: El Tiempo - Política
Thierry Ways puso sobre la mesa una advertencia y una posibilidad: Colombia sigue atrapada en una discusión centralista, pero la descentralización aún puede convertirse en una salida política y administrativa. Su lectura sobre la primera semana de gobierno de De La Espriella también expone el desconcierto de la oposición.
La primera semana del gobierno de De La Espriella dejó, según el analista y empresario Thierry Ways, una sensación doble: por un lado, la confirmación de que el país sigue discutiendo los mismos problemas estructurales de siempre; por el otro, la idea de que todavía existe espacio para empujar una descentralización real en Colombia. En su lectura de la coyuntura, el columnista barranquillero sostiene que el debate no puede quedarse en la superficie de los gestos iniciales del nuevo gobierno, porque lo que está en juego es la forma en que se reparte el poder entre Bogotá y las regiones, una tensión que lleva décadas sin resolverse del todo.
Ways también puso el foco en la oposición, a la que ve fragmentada y sin una estrategia clara para enfrentar el arranque de esta administración. En su análisis, las posturas opositoras oscilan entre la crítica automática y la incapacidad de construir una alternativa con contenido territorial, económico y social. Ese vacío, según su lectura, termina favoreciendo al Ejecutivo en los primeros días, porque le permite marcar agenda mientras sus contradictores todavía discuten el tono con el que deben responder. En un país tan polarizado, esa indecisión no es menor: cuando la oposición no logra ordenar un mensaje, el debate público se empobrece y la ciudadanía recibe más ruido que propuestas.
El punto de fondo, sin embargo, va más allá de un gobierno que apenas comienza. La descentralización en Colombia ha sido una promesa recurrente desde hace décadas, pero rara vez ha pasado del discurso a la ejecución. El problema no es solo administrativo; también es político. Centralizar decisiones en la capital ha significado, en la práctica, que muchas regiones dependan de una burocracia lejana para resolver asuntos urgentes en materia de inversión, infraestructura, seguridad y servicios públicos. Por eso la afirmación de Ways tiene peso: si el país quiere corregir desigualdades históricas, necesita revisar quién decide, con qué recursos y desde dónde. Esa discusión importa especialmente fuera de Bogotá, donde la gente siente con más fuerza los efectos de un Estado que responde tarde o de manera incompleta.
La lectura que deja esta intervención es incómoda, pero útil. De La Espriella arranca en medio de expectativas, dudas y presiones, mientras la oposición aún no encuentra el relato con el que quiere disputarle el poder. En ese contexto, la descentralización aparece no como un tema técnico sino como una prueba de fondo sobre la capacidad del Estado colombiano para dejar de prometer cercanía y empezar a ejercerla. Si el debate se toma en serio, podría abrir una discusión de país; si no, quedará otra vez reducido a una consigna repetida hasta el cansancio.



