El petróleo rompe la barrera de los 90 dólares y golpea a Wall Street por la tensión con Irán
Imagen: infobae mundo
El petróleo volvió a encender las alarmas globales: el West Texas Intermediate superó los 90 dólares y el Brent se acercó a los 95, en medio de la tensión militar entre Estados Unidos e Irán. El salto golpeó a Wall Street y reavivó el temor a una disrupción en una ruta clave para el comercio energético mundial.
El petróleo volvió a marcar el pulso de la geopolítica y de los mercados. Este jueves, el West Texas Intermediate subió 5,20% hasta los USD 90,22 por barril, mientras el Brent avanzó 4,60% y cerró en USD 94,65, en una reacción directa a la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán y al temor de que el estrecho de Ormuz quede bajo amenaza. El movimiento no fue menor: cuando el crudo se dispara con esta velocidad, también se encienden las alertas sobre inflación, transporte, energía y el bolsillo de los consumidores.
La lectura de Wall Street fue inmediata. Según informó infobae mundo, los principales índices cerraron con pérdidas en una jornada dominada por la aversión al riesgo, después de que el mercado incorporara la posibilidad de una respuesta militar más amplia en Medio Oriente. La preocupación central no es solo el choque entre Washington y Teherán, sino el efecto dominó que podría tener cualquier interrupción en una ruta por donde transita una porción crucial del petróleo que mueve la economía global. En otras palabras: el precio del barril no está subiendo por un problema técnico ni por una simple especulación financiera, sino por el riesgo real de que una crisis regional altere el suministro mundial.
El estrecho de Ormuz, una franja marítima estrecha y estratégica entre Omán e Irán, es una de las arterias más sensibles del comercio energético internacional. Allí pasa buena parte del petróleo que sale de los países del Golfo hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Por eso, cada vez que se intensifican las tensiones en esa zona, los mercados reaccionan con nerviosismo casi automático. La historia ya demostró que basta una amenaza sobre esa vía para mover el precio del crudo, presionar a las aerolíneas, encarecer el transporte y complicar el trabajo de los bancos centrales que intentan controlar la inflación. Si el petróleo permanece en niveles cercanos o por encima de los 90 dólares, el impacto puede terminar sintiéndose en los surtidores, en los costos logísticos y en el precio final de bienes de consumo básico.
Lo que está en juego, en realidad, va mucho más allá de una mala jornada bursátil. Cuando el mercado petrolero se altera por razones geopolíticas, la factura la pagan primero los países importadores y luego los ciudadanos, que enfrentan gasolina más cara, alimentos más costosos y un entorno financiero más inestable. Para Estados Unidos, el riesgo es doble: por un lado, la presión inflacionaria; por el otro, la posibilidad de que una crisis externa complique el ánimo de los inversores y castigue a la bolsa. Para América Latina, y en particular para Colombia, un petróleo más caro puede tener efectos mixtos: mejora la renta de países exportadores, pero también agrava la volatilidad y encarece la energía y el transporte en economías que dependen de combustibles fósiles. En una coyuntura así, el mercado recuerda algo elemental: la política internacional sigue teniendo la capacidad de mover la economía real en cuestión de horas.



