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Noboa capitaliza un golpe contra Los Choneros y refuerza la cooperación con Colombia

Hace 56 minutos

Ecuador y Colombia asestaron un nuevo golpe a la red de alias Fito con la captura de su esposa e hija en territorio colombiano. Noboa celebró la operación como prueba de una coordinación “con resultados” contra Los Choneros.

El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, convirtió este domingo la captura en Colombia de la esposa y la hija de José Adolfo Macías Villamar, alias Fito, en una señal política de fuerza: la lucha contra el crimen organizado ya no se libra solo en la frontera, sino con inteligencia compartida y operaciones coordinadas entre varios países. La detención de Inda Peñarrieta y Michelle Macías Peñarrieta, acusadas de mover dinero para Los Choneros, vuelve a poner bajo presión a la estructura del grupo criminal más antiguo y una de las más violentas del país andino.

Según informó la Presidencia ecuatoriana y confirmó el ministro del Interior, John Reimberg, las dos mujeres fueron ubicadas en Sabana de Torres, cerca de Bucaramanga, en una operación conjunta entre la Policía Nacional de Ecuador, el FBI, el Centro Nacional de Inteligencia y las fuerzas de seguridad de Colombia. Reimberg aseguró que ambas registran procesos vinculados con delincuencia organizada, asociación ilícita y lavado de activos. Desde el gobierno ecuatoriano sostienen que el dinero que habría pasado por estas redes servía para comprar armas, financiar sicarios y sostener la maquinaria de extorsión que ha convertido a Los Choneros en un actor central del terror cotidiano en varias ciudades del país.

El mensaje de Noboa no es menor. Ecuador viene de una escalada de violencia que cambió por completo la agenda pública y obligó al mandatario a declarar una “guerra” contra las bandas criminales en 2024. En ese tablero, cada captura relevante se usa también como demostración de que el Estado recupera capacidad de reacción. Pero el caso de la familia de alias Fito revela otra realidad: los líderes y sus entornos siguen operando con movilidad regional, redes financieras transnacionales y apoyo logístico más allá de las fronteras. Que hayan sido detenidas en Colombia muestra tanto la expansión del aparato criminal como la utilidad política y operativa de la cooperación judicial y policial entre Quito y Bogotá.

La detención además tiene un peso simbólico adicional porque Fito ya fue recapturado y extraditado a Estados Unidos en julio de 2025, convirtiéndose en el primer ecuatoriano enviado a ese país para responder por presunto narcotráfico y contrabando de armas. Esa extradición fue leída como un triunfo del gobierno, pero también como una advertencia: el desmantelamiento de una banda no se agota en capturar a su jefe. Los Choneros siguen siendo una marca poderosa dentro del crimen organizado ecuatoriano, con capacidad de recomposición, alianzas cambiantes y presencia en economías ilegales que golpean directamente a los ciudadanos, desde la extorsión a comerciantes hasta el control armado de territorios. Por eso importa esta operación: no solo por las detenidas, sino porque confirma que la pelea contra estas redes ya es regional y que, sin coordinación sostenida, cualquier victoria puede resultar temporal.

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