Eisenkot supera a Netanyahu en apoyos y complica la formación de gobierno

Imagen: infobae mundo
El presidente de Israel pedirá este domingo formar gobierno al bloque que obtuvo más respaldos parlamentarios para encabezar la próxima coalición. El exjefe del Ejército Gadi Eisenkot recibió 67 apoyos frente a 46 del primer ministro, pero su ruta depende de partidos árabes y enfrenta el veto de Avigdor Lieberman.
Israel entra en una nueva pulseada política después de que el presidente del país decida pedir este domingo la formación de gobierno al bloque que reunió más apoyos en el Parlamento. Según informó infobae mundo, el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot consiguió las recomendaciones de 67 de los 120 diputados, una cifra superior a la del primer ministro, que se quedó con 46 respaldos en esa ronda inicial de consultas. El dato no solo mide fuerzas: marca el punto de partida de una negociación compleja en la que los números no alcanzan por sí solos para asegurar una coalición estable.
La diferencia entre ambos bloques parece clara en el conteo, pero la aritmética política israelí vuelve a demostrar que ganar apoyos no equivale automáticamente a gobernar. De acuerdo con lo publicado por infobae mundo, la mayoría que sostiene a Eisenkot depende de los dos partidos árabes, una condición que complica su viabilidad porque choca con el veto del ultraderechista Avigdor Lieberman a cualquier Ejecutivo que se apoye en esas fuerzas. En la práctica, el presidente deberá medir no solo quién sumó más adhesiones, sino quién tiene una ruta menos frágil para formar gabinete y evitar un bloqueo institucional.
El escenario confirma una vez más la dificultad estructural del sistema político israelí, fragmentado y sometido a alianzas volátiles donde pocos escaños pueden cambiarlo todo. Que Eisenkot, un militar con peso público, aparezca por delante del primer ministro en esta etapa no significa necesariamente que termine gobernando, pero sí revela el desgaste de las fórmulas tradicionales y el creciente peso de bloques que antes quedaban al margen de la negociación central. La tensión ahora pasa por saber si el presidente optará por encargar formalmente la tarea a quien reunió más respaldos o si la correlación de fuerzas terminará empujando hacia otra salida de compromiso.
Para la ciudadanía israelí, el desenlace importa porque cada semana de incertidumbre retrasa decisiones sobre seguridad, economía y gobernabilidad en un país que vive en permanente estado de presión política. Si la coalición no cuaja, no se tratará solo de un nuevo pulso entre líderes, sino de otra señal de que la política israelí sigue atrapada en una fragmentación que castiga la estabilidad y prolonga la negociación como forma de gobierno.




