Senado de Paraguay destituye a Santiago Peña y Alliana asume el poder

Imagen: El País
El Senado paraguayo aprobó la destitución de Santiago Peña, golpeado por un escándalo financiero que terminó por derrumbar su gobierno. En su lugar fue juramentado el vicepresidente Pedro Alliana, en una jornada que sacude el tablero político del país.
El presidente de Paraguay, Santiago Peña, fue destituido este jueves por el Senado, que avaló su salida con el respaldo de todos los legisladores del oficialismo tras un escándalo financiero que erosionó de forma fulminante su poder político. Minutos después, el vicepresidente Pedro Alliana juramentó como nuevo jefe de Estado, en una transición abrupta que deja al país en una de sus crisis institucionales más serias de los últimos años.
De acuerdo con la información divulgada por El País, la decisión legislativa selló lo que en la práctica equivale a la muerte política de Peña, quien quedó además detenido en el marco de las investigaciones por presunta corrupción. Aunque los detalles del caso siguen bajo revisión judicial y parlamentaria, el derrumbe fue tan rápido como contundente: el bloque que hasta ahora sostenía al mandatario terminó acompañando su salida, una señal de que el costo político del escándalo ya era imposible de contener.
Lo ocurrido en Asunción no es solo una caída personal. También refleja la fragilidad de las coaliciones de poder en Paraguay, donde los escándalos de corrupción suelen acelerar rupturas internas y redefinir el equilibrio entre Ejecutivo, Congreso y aparato judicial. La juramentación de Alliana busca dar una apariencia de continuidad institucional, pero el fondo del problema sigue abierto: qué tan profundo es el entramado financiero que llevó a la destitución del presidente y cuántas más piezas del oficialismo podrían verse arrastradas por la investigación.
Para la ciudadanía paraguaya, el episodio abre un nuevo capítulo de incertidumbre en un país acostumbrado a convivir con la sospecha sobre sus élites políticas. La prioridad inmediata será conocer el alcance real de las acusaciones y si el relevo en el poder sirve para recomponer la gobernabilidad o solo inaugura una nueva etapa de desgaste y desconfianza pública.


