Un colombiano toma el mando del GEF, clave en la financiación climática mundial
Imagen: El Tiempo - Política
Diego Mesa Puyo, exministro colombiano, fue nombrado presidente del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), la principal entidad internacional que financia proyectos de biodiversidad y acción climática. La designación fue celebrada por el presidente electo Abelardo De La Espriella como una señal de proyección para Colombia.
La llegada de Diego Mesa Puyo a la presidencia del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) coloca a un colombiano al frente de una de las plataformas multilaterales más influyentes para financiar la protección de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático. El nombramiento, celebrado por el presidente electo Abelardo De La Espriella, no es menor: el GEF mueve recursos y prioridades en un momento en que la agenda ambiental dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una pieza central de la diplomacia global y de la competencia por fondos internacionales.
Mesa Puyo, exministro colombiano, aterriza en una institución que funciona como bisagra entre gobiernos, organismos multilaterales y proyectos sobre el terreno. Desde esa posición, tendrá influencia sobre cómo se canalizan recursos hacia conservación de bosques, transición energética, protección de ecosistemas y prevención de daños climáticos en países en desarrollo. En la práctica, su papel puede impactar desde iniciativas de restauración ambiental en América Latina hasta programas de adaptación en comunidades vulnerables que dependen de esa financiación para sobrevivir a sequías, inundaciones o pérdida de productividad agrícola.
La designación también tiene lectura política. Para Colombia, que suele presentarse ante el mundo como un país megadiverso pero al mismo tiempo golpeado por la deforestación, la minería ilegal y la presión sobre los territorios, tener a uno de sus exministros en la cima de una entidad clave ofrece visibilidad y capacidad de interlocución. No garantiza un giro automático en la distribución de recursos, pero sí abre una ventana de influencia en un momento en que la pelea por el financiamiento climático es cada vez más dura y más estratégica. Que Abelardo De La Espriella haya salido a respaldar públicamente la designación muestra, además, que el nombramiento ya empezó a leerse en clave de capital político y reputacional para el país.
El dato de fondo es este: el dinero para enfrentar la crisis ambiental global no alcanza y se distribuye con crecientes tensiones entre países ricos y naciones que reclaman más apoyo para proteger sus ecosistemas sin frenar su desarrollo. En ese escenario, la presidencia del GEF no es un cargo decorativo. Quien lo ocupa ayuda a definir prioridades, a ordenar consensos y a decidir qué tipo de proyectos reciben impulso internacional. Para Colombia, y para la región, la pregunta de fondo será si esta designación se traduce en más capacidad real para defender la biodiversidad o si se queda apenas como un nombramiento simbólico en una conversación global que ya no admite retrasos.




