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Líbano presiona a Washington para destrabar el acuerdo con Israel y frenar el estancamiento

Hace 4 horas

El primer ministro libanés, Nawaf Salam, fue a Washington a presionar para que el acuerdo marco con Israel deje el papel y empiece a ejecutarse. Beirut exige un calendario y verificación, mientras la retirada israelí y el desarme de Hezbolá siguen trabados.

El primer ministro del Líbano, Nawaf Salam, llevó este martes a Washington una exigencia que revela el punto muerto en el que sigue el alto el fuego acordado en junio con Israel: Beirut quiere pasar de las promesas a la aplicación real del pacto. Salam pidió a Estados Unidos, mediador central en la negociación, que impulse un calendario claro y un mecanismo de verificación para que no quede en una declaración política más, mientras en el terreno continúan las dudas sobre la retirada gradual de las tropas israelíes y el desarme de Hezbolá.

De acuerdo con la información difundida por Infobae Mundo, el jefe de gobierno libanés insistió en que el acuerdo marco no puede seguir atrapado en la ambigüedad. El punto de partida del entendimiento era concreto: una retirada escalonada de Israel del sur libanés y la reducción del poder militar de Hezbolá, el grupo chií que durante años ha operado como actor político y fuerza armada paralela dentro del país. Sin embargo, tres meses después, la ejecución permanece estancada, sin un cronograma verificable ni señales suficientes de cumplimiento por ambas partes, lo que alimenta la desconfianza en Beirut y también entre los actores regionales que observan cada movimiento con cautela.

La visita de Salam a la capital estadounidense no es un gesto protocolar; es una señal de urgencia política. Líbano carga con una crisis institucional y económica prolongada, y cualquier demora en la implementación del acuerdo agrava la fragilidad interna. Si no hay avances, el país corre el riesgo de quedar nuevamente atrapado entre la presión de Israel, la influencia de Hezbolá y la dependencia de Estados Unidos como árbitro indirecto. En ese tablero, Washington no solo actúa como garante diplomático, sino como la única vía capaz de ordenar una hoja de ruta que hoy parece congelada. Para la población libanesa, que vive entre la incertidumbre de seguridad y el desgaste económico, la falta de ejecución no es un detalle técnico: es la prolongación de una amenaza cotidiana.

El trasfondo del problema es más amplio que un acuerdo bilateral. La disputa entre Israel y Hezbolá define buena parte del equilibrio en la frontera sur del Líbano y, por extensión, la estabilidad del Levante. Cada incumplimiento erosiona la credibilidad de la diplomacia y deja espacio para que el escenario militar vuelva a imponerse sobre el político. Por eso, la presión de Salam en Washington busca algo más que una respuesta burocrática: intenta evitar que el pacto de junio termine convertido en otro compromiso fallido de Medio Oriente, donde las firmas abundan pero las garantías escasean.

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