Irán ratifica 74 latigazos contra una cantante por actuar sin hiyab

Imagen: infobae mundo
Irán ratificó una condena de 74 latigazos contra la cantante Parastoo Ahmadi por presentarse en un concierto sin hiyab en 2024. La justicia también mantuvo dos años de veto para actuar y salir del país.
La justicia iraní confirmó la condena a 74 latigazos contra la cantante Parastoo Ahmadi y mantuvo además la prohibición de actuar y de salir del país durante dos años, en un fallo que vuelve a exponer el costo que tiene para las mujeres desafiar las reglas de vestimenta impuestas por la República Islámica. La decisión fue tomada por una instancia de apelación que desechó los argumentos de la defensa, según informó infobae mundo, y se apoya en un caso que ya había generado atención internacional: un concierto difundido en 2024 en el que la artista apareció sin hiyab.
El expediente contra Ahmadi no se limita al castigo corporal. El régimen ratificó un paquete de sanciones que funciona también como mecanismo de silenciamiento profesional: sin escenarios, sin movilidad internacional y con una condena que busca marcarla públicamente. En Irán, donde el control sobre la conducta de las mujeres es una extensión del aparato político y religioso, el caso de la cantante se suma a una larga lista de represalias contra artistas, activistas y ciudadanas que han desafiado el código obligatorio del velo, especialmente desde las protestas que sacudieron al país tras la muerte de Mahsa Amini.
Más allá del hecho puntual, la resolución revela la persistencia de una estrategia del poder iraní: convertir los tribunales en herramienta de disciplina social. Lo que para cualquier democracia sería un acto de expresión artística, en Teherán puede terminar interpretado como una ofensa al orden moral del Estado. Por eso este caso importa: no solo por el castigo a una cantante, sino porque muestra hasta qué punto el régimen sigue dispuesto a sostener, incluso ante la crítica externa, un sistema de control sobre el cuerpo femenino que mezcla religión, política y castigo ejemplar. En la práctica, la condena manda un mensaje claro a otras mujeres del país: desafiar la norma sigue teniendo consecuencias severas.
El fallo también tiene un eco más amplio fuera de Irán. En un momento en que la comunidad internacional sigue observando con preocupación el deterioro de las libertades civiles en el país, la ratificación de esta sentencia refuerza la imagen de un gobierno que responde a la disidencia cultural con represión judicial. Para Ahmadi, el caso significa una restricción concreta sobre su vida y su carrera. Para el resto de la sociedad iraní, es otra señal de que la pelea por espacios básicos de autonomía —cantar, mostrarse en público, elegir cómo vestirse— sigue lejos de resolverse.


