El río que llora mercurio
Omar RodríguezHace 48 minutos
Poema de denuncia ambiental sobre la minería ilegal en Colombia Por Omar Rodríguez SANA Prensa Independiente
El río bajaba cantando,
con su vestido de cristal,
abrazando las montañas,
dando vida al despertar.
Llevaba peces en sus aguas,
llevaba historias de un ayer,
alimentaba a los pueblos
sin pedir nada a cambio de él.
Pero una noche llegaron
hombres con hambre de metal,
con máquinas que abrieron heridas
en las entrañas del lugar.
No preguntaron al bosque,
no escucharon al jaguar,
ni a las madres que en sus orillas
enseñaban a sus hijos a pescar.
El oro brillaba en sus manos,
el mercurio empezó a correr,
y aquel río que daba vida
comenzó lentamente a enfermar.
¿Cuánto vale una pepita de oro
cuando un niño no puede beber?
¿Cuánto cuesta la ambición humana
si una madre ve su río morir?
La selva perdió sus raíces,
la tierra empezó a sangrar,
los peces guardaron silencio
y el agua dejó de cantar.
Allá en el Chocó profundo,
donde la lluvia sabe llorar,
hay comunidades que resisten
viendo sus ríos agonizar.
En las tierras del Amazonas,
donde la vida parece infinita,
también se escucha el lamento
de una naturaleza herida.
Y mientras unos cuentan ganancias,
otros cuentan lo que perdieron:
la pesca, el agua, los cultivos,
los sueños que un día tuvieron.
El mercurio no pide permiso,
ni anuncia cuándo llegará;
puede esconderse en los peces
y en los cuerpos dejar su mal.
No distingue entre los pobres,
ni pregunta quién lo arrojó;
las consecuencias de la codicia
las sufre quien nunca decidió.
¡Ay, Colombia de ríos inmensos,
de montañas y verde esplendor!
¿Por qué el oro vale más
que la vida de tu población?
No es progreso destruir la tierra,
ni riqueza envenenar,
ni desarrollo dejar a los pueblos
sin un río donde pescar.
Que no se compre el silencio,
que no se negocie la verdad,
que las leyes no sean palabras
que el dinero pueda borrar.
Que respondan quienes contaminan,
quienes permiten la destrucción,
quienes convierten nuestros bosques
en territorios de explotación.
Porque el oro puede fundirse,
las fortunas pueden terminar,
pero un río herido de muerte
tardará generaciones en sanar.
Y cuando el último pez desaparezca,
cuando no haya agua que beber,
cuando el bosque sea un recuerdo,
¿de qué servirá tanto poder?
Que el río vuelva a ser río,
que la selva vuelva a respirar,
que ningún niño herede el veneno
que otros dejaron por ganar.
Que Colombia despierte y recuerde
lo que jamás debe olvidar:
El oro se guarda en las bóvedas,
pero el agua sostiene la humanidad.
Y si por buscar más riqueza
dejamos nuestros ríos morir,
habremos vendido el futuro
que nuestros hijos debían vivir.
Porque la mayor riqueza de Colombia no está debajo de la tierra, sino en la vida que florece sobre ella.

Corresponsal | Periodista investigativo
Omar Rodríguez es periodista, corresponsal y periodista investigativo de SANA Prensa Independiente, con base en Nueva York. Cuenta con más de una década de experiencia vinculada al ejercicio periodístico y a la cobertura de temas de interés público, actualidad, migración, derechos humanos, comunidad y asuntos institucionales.
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