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Houngbo mueve piezas para atraer a Trump y no perder a Estados Unidos en la OIT

Hace 1 hora
Houngbo mueve piezas para atraer a Trump y no perder a Estados Unidos en la OIT

Imagen: El País

La pelea por la dirección de la OIT entra en terreno geopolítico: Gilbert Houngbo intenta mantener a Washington dentro del juego mientras se define el reparto de poder en la cúpula del organismo. En paralelo, deja abierta la opción de ceder una vicepresidencia clave a un perfil afín a Donald Trump.

La carrera por el control político de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en una jugada de alto voltaje diplomático. Gilbert Houngbo, el director general que busca renovar su peso en el organismo, está moviendo fichas para evitar que Estados Unidos se descuelgue del todo de la institución, al tiempo que no descarta entregar la dirección general adjunta a un perfil cercano al universo de Donald Trump. El movimiento revela hasta qué punto la OIT necesita acomodarse a Washington para sostener su influencia global.

Según informó El País, Houngbo explora una fórmula de equilibrio que permita a Estados Unidos recuperar centralidad en la organización sin obligarlo necesariamente a ponerse al día con el pago de sus cuotas atrasadas. Esa posibilidad no es menor: para la OIT, que funciona con recursos limitados y depende de la cooperación de sus miembros, la ausencia de Estados Unidos pesa no solo por el dinero, sino por la capacidad de influencia que ese país ejerce en las decisiones multilaterales. En paralelo, el nombre que se baraja para la dirección general adjunta apunta a una estrategia de contención: ofrecer un espacio a un actor alineado con Trump podría servir como gesto político hacia la Casa Blanca si el republicano vuelve a imponer su visión sobre el sistema internacional.

El trasfondo es más amplio que una disputa interna de cargos. La OIT, creada para fijar estándares laborales y arbitrar tensiones entre gobiernos, empresas y sindicatos, atraviesa una etapa en la que las guerras comerciales, la presión migratoria y el deterioro del empleo formal en distintos países vuelven más relevante su papel. En ese tablero, el respaldo de Estados Unidos sigue siendo determinante. Pero la ecuación no es sencilla: acercarse demasiado a Washington puede comprometer la autonomía del organismo y tensionar a quienes ven en la OIT un contrapeso frente a agendas más conservadoras en materia laboral. Para países como Colombia, donde los debates sobre informalidad, sindicalismo y cumplimiento de derechos laborales siguen abiertos, lo que ocurra en la cúspide de la organización puede terminar influyendo en prioridades, recursos y orientaciones políticas.

Houngbo parece haber entendido que, en la diplomacia multilateral, a veces se negocia menos con principios que con incentivos. La posibilidad de un cargo adjunto para alguien afín a Trump y la eventual tolerancia a que Washington continúe sin pagar sus cuotas dibujan una estrategia pragmática, aunque arriesgada: recuperar al actor más poderoso del sistema sin pagar el costo completo de cederle el volante. Si esa maniobra funciona o termina debilitando aún más la credibilidad de la OIT dependerá de cuánto margen exista, en adelante, para separar la supervivencia institucional de la presión política de Estados Unidos.

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