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Italia aprueba el regreso de la energía nuclear y abre un giro histórico

Hace 1 hora

Italia dio un giro histórico al abrir la puerta al regreso de la energía nuclear, casi cuarenta años después de haberla abandonado. El Senado aprobó la iniciativa que habilita al Gobierno a diseñar en un año las reglas de un nuevo programa atómico.

Italia decidió romper con uno de los consensos más duraderos de su historia energética. El Senado aprobó de forma definitiva el retorno de la energía nuclear, con 81 votos a favor, 51 en contra y siete abstenciones, y le entregó al Ejecutivo la facultad de redactar en los próximos 12 meses el marco regulatorio de un nuevo programa atómico. La decisión marca un cambio de rumbo de enorme calado para un país que cerró esa puerta hace casi cuatro décadas y que ahora vuelve a ponerla sobre la mesa en medio de la presión por abaratar la energía y reducir la dependencia externa.

La votación no solo tiene valor simbólico; también abre una etapa política y técnica decisiva. Según informó infobae mundo, el Gobierno tendrá un año para definir las reglas del nuevo esquema nuclear, lo que implica resolver desde los criterios de seguridad y supervisión hasta el tipo de tecnología que Italia estaría dispuesto a admitir. En la práctica, esto significa que el debate ya no gira en torno a si la energía nuclear puede volver, sino bajo qué condiciones y con qué salvaguardas se intentará hacerlo en un país que sigue cargando con el peso histórico de sus referendos antinucleares y de una opinión pública tradicionalmente cautelosa.

El movimiento italiano no puede leerse de manera aislada. Europa vive una recomposición acelerada de su mapa energético, empujada por la crisis de precios, la transición climática y las tensiones geopolíticas que hicieron evidente la fragilidad de depender de combustibles importados. En ese contexto, la apuesta nuclear vuelve a aparecer en varios gobiernos como una herramienta para garantizar suministro estable y descarbonización, aunque no sin costos políticos y financieros considerables. Italia, que dejó de generar electricidad nuclear tras el rechazo social de los años ochenta, ahora busca recuperar margen de maniobra en un escenario donde la factura energética impacta tanto a la industria como a los hogares, y donde cualquier promesa de estabilidad eléctrica tiene repercusiones directas en la competitividad y el bolsillo de la gente.

La clave, sin embargo, estará en la distancia entre la aprobación parlamentaria y la materialización de un programa real. Construir capacidad nuclear exige tiempo, inversión y una arquitectura institucional que no se improvisa. Por eso, aunque el Senado dio el paso más importante hasta ahora, el verdadero debate apenas comienza: Italia deberá demostrar si este giro responde a una estrategia de largo plazo o a una apuesta política que todavía debe ganarse la confianza de una sociedad que ya dijo una vez que no.

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