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Se reduce el paso por Ormuz y crece la tensión petrolera tras fracasar el ultimátum a Irán

Hace 4 horas

El tránsito por el estrecho de Ormuz cayó a 95 cruces en la última semana, muy por debajo de los niveles habituales, mientras expira sin acuerdo el ultimátum de 60 días que Trump impuso a Irán. La tensión vuelve a poner bajo presión una ruta crítica para el petróleo mundial.

El flujo de barcos por el estrecho de Ormuz se desplomó casi 20% en la última semana, una señal de alarma para el comercio energético global justo cuando vence sin resultados el plazo de 60 días que Donald Trump había dado a Irán. Según informó infobae mundo, los cruces se redujeron a 95, una cifra inferior incluso a la de un día normal previo al 28 de febrero, en una franja marítima por la que circula una parte decisiva del petróleo que alimenta los mercados internacionales.

La caída no es un dato aislado: refleja que persiste la disputa entre Washington y Teherán por la reapertura de una vía que es estratégica para el abastecimiento mundial de crudo. El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es uno de los puntos más sensibles del planeta para el comercio de energía, porque cualquier alteración en su tránsito puede encarecer los fletes, elevar la volatilidad de los precios del petróleo y golpear de inmediato a economías que dependen de esa cadena de suministro. La reducción de cruces a 95 en siete días, de acuerdo con la información publicada por infobae mundo, confirma que los operadores marítimos están ajustando rutas, reforzando precauciones o directamente evitando pasar por una zona donde la incertidumbre política ya pesa tanto como el riesgo militar.

Lo relevante aquí no es solo la cifra, sino el mensaje que envía: el pulso entre Estados Unidos e Irán sigue teniendo capacidad real de alterar el mercado energético mundial sin necesidad de una escalada abierta. En otras palabras, basta la amenaza de bloqueo, la falta de acuerdos o el endurecimiento de posiciones para que el comercio empiece a resentirse. Ese efecto tiene consecuencias muy concretas para consumidores en Estados Unidos y en países importadores como Colombia, donde un barril más caro termina presionando los precios del transporte, los alimentos y, en general, el costo de vida. Si el estrecho sigue perdiendo tráfico, el golpe puede sentirse mucho más allá del Golfo Pérsico.

El problema de fondo es que Ormuz no es una ruta cualquiera: es una válvula geopolítica. Por allí pasa buena parte del petróleo que sale de productores clave del Golfo y cualquier interrupción, incluso parcial, se traduce en nerviosismo global. El vencimiento del plazo de 60 días sin acuerdo sugiere que la ventana diplomática se cerró, al menos por ahora, y que el mercado tendrá que seguir operando bajo la sombra de una confrontación que no necesita disparos para tener efectos económicos. Cuando el tránsito marítimo cae antes de que estalle una crisis mayor, el mercado suele leerlo como advertencia: la siguiente fase puede ser más costosa.

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