Colombia

Sogamoso despidió al capitán asesinado en el ataque con drones en Ocaña

Hace 1 hora

Sogamoso despidió con honores al capitán boyacense asesinado en el ataque con drones explosivos en Ocaña, uno de los hechos más graves recientes en Norte de Santander. El funeral expuso el costo humano de una escalada armada que vuelve a golpear a uniformados y civiles.

Sogamoso le dio el último adiós al capitán boyacense asesinado en el ataque con drones explosivos ocurrido en Ocaña, Norte de Santander, un hecho que dejó tres víctimas mortales y volvió a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de la Fuerza Pública frente a nuevas formas de guerra irregular. Familiares, compañeros y autoridades locales acompañaron la despedida del oficial, conocido por sus allegados como el capitán Pirajón, en una ceremonia marcada por el dolor y los honores militares.

De acuerdo con la información publicada por El Tiempo (Colombia), el uniformado fue una de las personas que murieron en medio de la ofensiva con explosivos lanzados desde drones en esta zona del Catatumbo, una región donde la disputa entre grupos armados ilegales, el control territorial y la presión sobre la población civil siguen alimentando una espiral de violencia. El sepelio en Boyacá reflejó no solo la pérdida de un oficial, sino también la tensión que vive una institución obligada a responder en escenarios cada vez más complejos y tecnificados.

Este caso importa porque confirma una tendencia que ya no puede leerse como aislada: el uso de drones con explosivos está abriendo una nueva fase del conflicto en Colombia, con riesgos más altos para militares, policías y comunidades atrapadas en medio de los combates. Para el Estado, el desafío ya no es únicamente sostener presencia en territorios históricamente golpeados, sino adaptar su capacidad de reacción a un tipo de amenaza que combina movilidad, sorpresa y bajo costo para los atacantes. Para la gente de a pie en regiones como Norte de Santander, eso significa más miedo, más incertidumbre y una sensación creciente de que la guerra se reinventa mientras las instituciones intentan alcanzarla.

La despedida del capitán en Sogamoso también deja una pregunta de fondo: hasta dónde puede escalar esta violencia antes de que el país asuma, con la seriedad que exige, que los grupos armados están incorporando herramientas que multiplican su capacidad de daño. Mientras la familia llora a su muerto y la institución rinde honores, en el Catatumbo sigue abierta una herida que no se cierra con ceremonias, sino con control territorial, inteligencia efectiva y una política de seguridad capaz de responder al conflicto que ya está ocurriendo, no al que el país quisiera tener.

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