Perú vota bajo tensión: Fujimori y Sánchez pelean cada boleta en una elección decisiva

Imagen: BBC Mundo
Perú vive un conteo estrechísimo entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez tras una jornada electoral en la que más de 27 millones de ciudadanos salieron a votar. La elección puede redefinir el rumbo político de un país que en una década ha tenido nueve presidentes.
El Perú entró en una nueva noche de incertidumbre política después de una jornada en la que más de 27 millones de ciudadanos estaban llamados a las urnas para escoger al noveno presidente que tendrá el país en apenas diez años. El recuento avanza voto a voto y la disputa entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez mantiene en vilo a un electorado acostumbrado, más de lo deseable, a resolver sus diferencias en medio de crisis institucionales y resultados ajustados.
La contienda dejó claro desde el inicio que no se trataba solo de una competencia entre dos nombres, sino de una pulseada por la dirección que tomará Perú en un momento de desgaste acumulado. La jornada movilizó a un padrón enorme y obligó a observar cada actualización del conteo con la atención de quien sabe que una diferencia mínima puede inclinar una presidencia. En ese escenario, la autoridad electoral se convierte en la pieza central: su capacidad para procesar las boletas con rapidez, precisión y transparencia será determinante para sostener la confianza en el resultado.
Lo que está en juego, sin embargo, va mucho más allá de la identidad del ganador. Que el país esté por elegir a su noveno mandatario en una década es una señal inequívoca de inestabilidad política, una rotación que erosiona la continuidad de cualquier política pública y deja a la ciudadanía con la sensación de que el Estado avanza a trompicones. Esa inestabilidad golpea la economía, debilita la inversión y desgasta la relación entre la población y sus instituciones. En un país con tanta volatilidad, cada elección termina siendo también un plebiscito sobre el hartazgo, la desconfianza y la necesidad de reconstruir reglas mínimas de gobernabilidad.
Por eso el desenlace de este conteo importa más allá de Lima y de los círculos políticos. El próximo presidente —sea quien sea— recibirá un mandato condicionado por la polarización, la presión ciudadana y la urgencia de demostrar que Perú todavía puede recuperar cierta estabilidad. Si el resultado termina decidiéndose por unos cuantos sufragios, como todo indica por ahora, la lección será clara: en un país exhausto por la crisis, cada boleta cuenta, pero también cada gesto de responsabilidad institucional.
