ELN refuerza su red en Venezuela: 93 pistas clandestinas y campamentos en movimiento

Imagen: infobae colombia
El ELN mantiene una red clandestina en Venezuela con 93 pistas de aterrizaje ilegales identificadas y cambios en sus campamentos, según reportes de seguridad. La búsqueda de alias Silvana Guerrero y la expansión en Zulia y Táchira elevan la alerta en la frontera.
La presencia del ELN en territorio venezolano volvió a quedar bajo la lupa de las autoridades tras la identificación de 93 pistas clandestinas y movimientos en sus campamentos, un mapa que confirma que la guerrilla no solo mantiene capacidad logística, sino que sigue reacomodando su infraestructura en zonas de frontera. Los reportes, según informó infobae colombia, también señalan puntos de interés en los estados Zulia y Táchira, dos corredores estratégicos para el tránsito de personas, armas, combustible y economías ilegales.
Ese rastreo no es menor. En la práctica, una red de pistas clandestinas no sirve solo para mover carga ligera o facilitar aterrizajes discretos; también revela control territorial, protección local y una arquitectura de movilidad que permite sostener operaciones armadas en ambos lados de la frontera. Las autoridades, de acuerdo con fuentes consultadas por infobae colombia, siguen de cerca esos movimientos mientras intentan establecer el paradero de alias Silvana Guerrero, señalada como una pieza vinculada al Frente de Guerra Nororiental, una estructura que ha tenido incidencia en la dinámica de violencia en la región.
Lo que está ocurriendo en la frontera colombo-venezolana vuelve a mostrar una realidad incómoda: los grupos armados no desaparecen, se adaptan. Cambian de campamentos, redistribuyen mandos, abren rutas y aprovechan vacíos institucionales para sostener sus operaciones. En departamentos colombianos como Norte de Santander y en estados venezolanos como Táchira y Zulia, esa presencia se traduce en más riesgo para las comunidades, más presión sobre los controles militares y policiales, y más espacio para economías criminales que terminan afectando a campesinos, transportadores, comerciantes y migrantes que cruzan la zona por necesidad, no por elección.
Por eso el hallazgo de esas 93 pistas no debe leerse como una simple cifra técnica, sino como una señal de que el ELN conserva capacidad de adaptación y profundidad territorial en una de las fronteras más porosas de América Latina. Mientras no haya coordinación real y sostenida entre las autoridades de ambos países, el fenómeno seguirá operando como un problema de seguridad regional que golpea, sobre todo, a quienes viven del otro lado de la línea imaginaria que separa los mapas, pero no las dinámicas del conflicto.



