Estados Unidos

Otero Alcántara llega a Miami y denuncia que la cárcel cubana es una extensión del poder

Hace 3 meses
Otero Alcántara llega a Miami y denuncia que la cárcel cubana es una extensión del poder

Imagen: BBC Mundo

Luis Manuel Otero Alcántara llegó a Miami tras salir forzado de Cuba y convirtió su salida en una denuncia directa contra el sistema penitenciario y político cubano. El artista dice que en prisión entendió que presos y custodios eran piezas de una misma maquinaria de control.

Luis Manuel Otero Alcántara aterrizó en Miami después de cinco años de prisión y de una salida de Cuba que no presenta como un triunfo, sino como una expulsión política. El artista y cofundador del Movimiento San Isidro asegura que su paso por la cárcel le dejó una conclusión brutal: el encierro no solo disciplina a los reclusos, también somete a los propios guardias dentro de una estructura que, según él, responde a una cúpula que mantiene al país secuestrado. Su testimonio llega en un momento en que el debate sobre los presos políticos cubanos vuelve a tomar fuerza fuera de la isla, especialmente entre el exilio en Estados Unidos.

Según relató a BBC Mundo, Otero Alcántara sobrevivió al encierro aferrándose a la creación como tabla de salvación y como lenguaje de resistencia. Desde la prisión, convirtió el gesto artístico en una forma de desafiar el aislamiento, la vigilancia y la censura. Esa transformación es central para entender su figura: no habla solo como un opositor liberado, sino como alguien que intenta rearmar una vida política y simbólica desde las ruinas de la represión carcelaria. Su caso también vuelve a poner bajo la lupa la situación de decenas de activistas, artistas y manifestantes encarcelados en Cuba desde las protestas de 2021.

Lo que cuenta Otero Alcántara importa porque revela una dimensión menos visible del autoritarismo cubano: la cárcel como extensión del poder del Estado y no como un espacio aislado de castigo. Si su lectura es correcta, la prisión funciona como una escuela de obediencia que afecta a todos los que entran en ella, desde quienes cumplen condena hasta quienes la administran. Esa mirada ayuda a explicar por qué el exilio cubano en Florida sigue siendo un actor político tan activo en la denuncia internacional del régimen y por qué Washington mantiene el tema de los derechos humanos en el centro de su relación con La Habana. Para los cubanos de a pie, dentro y fuera de la isla, el caso recuerda que detrás de cada liberación hay una pregunta más profunda: cuántas vidas han quedado marcadas por un sistema que castiga no solo la disidencia, sino también la posibilidad de imaginar otra Cuba.

Su llegada a Miami no cierra el capítulo, apenas lo desplaza. Otero Alcántara quiere convertir lo vivido en prisión en obra, relato y denuncia, un intento de transformar el trauma en una nueva forma de resistencia política. En un escenario donde Cuba sigue perdiendo población por la migración masiva y donde la represión sigue alimentando el éxodo, su voz suma una advertencia incómoda: la cárcel no termina en sus muros, sino que se proyecta sobre toda la sociedad.

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