Críticas al equipo colombiano reavivan debate sobre el futuro del tejo

Imagen: infobae colombia
Las críticas contra la delegación colombiana en el Mundial de Tejo desataron una nueva discusión sobre el valor de este deporte autóctono. Daniel Lozano, fundador de la competencia, defendió la cita y pidió que Colombia asuma el tejo como patrimonio propio.
Las reacciones en redes sociales tras el desempeño de la delegación colombiana en el Mundial de Tejo dejaron algo más que burlas o decepción: reabrieron el debate sobre qué tanto respaldo real tiene este deporte tradicional en el país que lo vio nacer y lo ha convertido en símbolo popular. En medio de ese ruido digital, Daniel Lozano, uno de los principales impulsores de la competencia, salió a hablar con Infobae Colombia para defender el valor de esta cita y plantear una idea sencilla pero incómoda: si el tejo es parte de la identidad colombiana, también debería asumirse con más compromiso.
Las críticas, que siguen circulando en redes sociales, se concentraron en el resultado del equipo nacional, pero el problema de fondo va más allá de una mala jornada o de una actuación por debajo de las expectativas. Lozano puso el acento en algo que suele pasar desapercibido cuando un tema tradicional entra en la conversación pública: el tejo no solo necesita seguidores, también necesita apropiación institucional, visibilidad y una narrativa menos reducida al chiste o a la anécdota. En otras palabras, el país suele reivindicar sus expresiones culturales cuando ya están en riesgo, pero rara vez las protege con el mismo entusiasmo con que las consume en fiestas, torneos locales o celebraciones populares.
Ahí está la importancia de esta discusión. El tejo es más que un deporte recreativo; es una expresión de arraigo cultural que ha sobrevivido al paso del tiempo, a la competencia de nuevas prácticas de ocio y al peso de una agenda pública que suele priorizar otras disciplinas. Por eso, el malestar por el desempeño colombiano en el Mundial no debería quedarse en la burla fácil ni en la exigencia de resultados inmediatos. También debería servir para preguntarse qué tanto invierte Colombia en cuidar sus tradiciones, qué espacios les da a los nuevos practicantes y cómo evita que una actividad con tanta historia quede atrapada entre la nostalgia y el folclor de escaparate.
La voz de Lozano, recogida por Infobae Colombia, apunta precisamente a esa reflexión: apropiarse del tejo no como consigna vacía, sino como una decisión colectiva. Y esa es quizá la lección más relevante que deja la polémica: cuando un país trata sus símbolos culturales como entretenimiento menor, termina sorprendiéndose de que pierdan fuerza. El Mundial de Tejo, con sus críticas y su discusión pública, recuerda que las tradiciones no se sostienen solas; necesitan respaldo, difusión y una comunidad que las defienda más allá del resultado de un torneo.




