Estados Unidos

Texas envió a miles de niños al sistema juvenil por faltas escolares

Hace 1 hora

En Texas, más de 47.000 estudiantes de 10 a 13 años han sido llevados al sistema de justicia juvenil desde 2014 por peleas, vapeo y amenazas escolares. El dato revela cómo la disciplina en las aulas terminó cruzando con fuerza la línea penal.

Texas ha empujado a más de 47.000 alumnos de entre 10 y 13 años al sistema de justicia juvenil desde 2014, en una respuesta que ha convertido faltas escolares en casos policiales. Según informó infobae Estados Unidos, muchos de esos menores acabaron esposados después de episodios por peleas, uso de vapeadores o amenazas dentro del plantel, conductas que durante años solían resolverse con medidas internas de maestros y directivos.

El volumen de remisiones es preocupante no solo por la cifra, sino por la edad de los estudiantes involucrados. Hablamos de niños en plena transición hacia la adolescencia, cuando una riña, un acto de rebeldía o una provocación mal gestionada puede terminar escalando innecesariamente si intervienen agentes de seguridad o si las escuelas optan por canalizar el caso al aparato judicial. De acuerdo con la información difundida por infobae Estados Unidos, el patrón ha sido especialmente visible desde 2014, con una tendencia a tratar asuntos disciplinarios como si fueran delitos.

El fondo del problema va mucho más allá de una estadística. En Texas, como en otros estados conservadores de Estados Unidos, la presión por imponer orden en las escuelas ha coincidido con políticas de tolerancia cero, mayor presencia policial en los campus y una menor disposición a usar mecanismos restaurativos. El resultado es una puerta de entrada temprana al sistema juvenil para estudiantes que, en otro contexto, habrían recibido una suspensión, una llamada a sus padres o una intervención pedagógica. Y cuando un menor entra por esa ruta, el costo social se multiplica: aumenta el ausentismo, se rompe el vínculo con la escuela y crece la probabilidad de que un conflicto escolar deje una marca duradera en su expediente.

La discusión no es menor para las familias de Texas ni para el resto del país. Si una escuela responde a una pelea de pasillo como si fuera una amenaza criminal, el mensaje que recibe el estudiante es que el sistema educativo ya no corrige, sino que castiga con lógica penal. Ese giro, además, suele golpear con más fuerza a los alumnos más vulnerables, especialmente a quienes viven en entornos de pobreza o ya cargan con problemas de conducta, aprendizaje o salud mental. Por eso este caso no habla solo de disciplina escolar: habla de qué tipo de infancia está dispuesta a vigilar y castigar un estado, y a qué edad empieza la criminalización en la práctica.

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