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Netanyahu y Abbas concentran la tensión de la Asamblea General de la ONU

Hace 1 hora

La Asamblea General de la ONU vive este viernes una jornada cargada de tensión diplomática: Benjamin Netanyahu será el orador más observado, mientras Mahmoud Abbas también sube al estrado. Bolivia, Uruguay y Colombia completan una sesión que mide el pulso de Medio Oriente y de América Latina en el organismo.

La tercera jornada de la Asamblea General de la ONU llega marcada por una expectativa que excede el protocolo diplomático: el discurso del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se convirtió en el momento más observado de la sesión matutina en Nueva York, en una jornada en la que también está previsto el turno de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina. La combinación no es menor. En un escenario global atravesado por la guerra, la presión humanitaria y la polarización política, la tribuna de Naciones Unidas vuelve a funcionar como termómetro de una crisis que sigue sin salida clara.

Según informó Infobae Mundo, además de las intervenciones de los líderes de Israel y Palestina, el pleno escuchará a los mandatarios de Bolivia, Uruguay y Colombia, tres países que llegan a la Asamblea con agendas distintas pero atravesadas por preocupaciones comunes: el debilitamiento del multilateralismo, la defensa del derecho internacional y la necesidad de respuestas concretas frente a conflictos que también golpean a América Latina por la vía económica y diplomática. La presencia de estos gobiernos en una misma sesión refuerza la idea de que la ONU no solo es un espacio para los grandes focos de poder, sino también un escenario donde los países medianos y pequeños buscan marcar posición.

El peso político de esta jornada radica en que Netanyahu y Abbas no hablarán en abstracto. Sus intervenciones ocurren en un momento en que la comunidad internacional enfrenta una presión creciente para pronunciarse sobre la crisis en Gaza, la seguridad regional y el futuro de cualquier negociación viable. En paralelo, los países latinoamericanos intentan no quedar atrapados en un debate ajeno: sus discursos suelen apuntar a reforzar principios como la paz, la soberanía y la solución diplomática de los conflictos, pero también reflejan cálculos internos, alianzas externas y posiciones frente a Estados Unidos, Europa y el resto del Sur Global. En la práctica, lo que se diga en esta sala puede influir en votos, reconocimientos, condenas y en la manera en que cada país se alinea frente a la guerra y sus consecuencias.

La ONU vuelve así a exhibir su doble condición: foro de negociación y escenario de disputa simbólica. Si bien muchas veces sus discursos quedan atrapados en la retórica, el hecho de que la sesión de hoy concentre a líderes de Israel, Palestina y varios gobiernos latinoamericanos revela que la diplomacia internacional sigue midiendo fuerzas en vivo, frente a una audiencia global que espera menos declaraciones y más salidas concretas. Para la región, y en particular para Colombia, Uruguay y Bolivia, la jornada también será una prueba de cómo se posicionan ante una crisis que ya no se lee solo en clave de Medio Oriente, sino como parte del reacomodo político del mundo entero.

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