Estados Unidos

Fulton Sheen, el predicador que llevó la fe a la TV, avanza hacia la santidad

Hace 58 minutos

El Vaticano beatificó a Fulton Sheen, el arzobispo que convirtió la televisión en una herramienta de evangelización en Estados Unidos. La ceremonia en San Luis destraba una causa largamente estancada y lo deja a un paso de la santidad.

La Iglesia católica dio un paso decisivo al beatificar a Fulton Sheen, el arzobispo estadounidense que en la mitad del siglo XX convirtió la televisión en una tribuna religiosa y llegó a millones de hogares con un mensaje que mezclaba fe, carisma y cultura popular. La ceremonia, celebrada ante una multitud en San Luis, marca el desenlace de una causa que llevaba años trabada y acerca al histórico predicador al reconocimiento pleno de la santidad.

Según informó infobae estados unidos, la beatificación fue posible después de que el Vaticano confirmara un milagro atribuido a su intercesión, requisito clave para avanzar en este tipo de procesos. Sheen fue una figura singular en la historia de la Iglesia en Estados Unidos: no solo ocupó cargos de jerarquía, sino que entendió antes que muchos el poder de los medios masivos. Su presencia en la televisión lo convirtió en un referente nacional en una época en la que ese espacio estaba apenas naciendo como fenómeno cultural.

El caso de Sheen importa más allá del mundo católico porque habla de cómo la Iglesia intentó adaptarse a la modernidad sin perder influencia. En un país donde la religión compite con la política, el entretenimiento y la fragmentación mediática, su figura vuelve a recordar que la comunicación sigue siendo una herramienta de poder espiritual y social. También revela cómo las canonizaciones y beatificaciones no son solo ceremonias internas: reactivan memorias, disputas y lealtades dentro de comunidades que todavía ven en estos referentes una brújula moral.

La beatificación de Fulton Sheen deja ahora su camino a la santidad prácticamente abierto, aunque todavía queda pendiente el paso final que exige la Iglesia. Pero su legado ya está instalado: fue uno de los primeros líderes religiosos estadounidenses en entender que para hablarle al país había que entrar en su pantalla, no quedarse al margen de ella. Y en tiempos de sobreinformación, polarización y crisis de credibilidad, esa lección vuelve a sonar sorprendentemente vigente.

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