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Eritrea acusa a Etiopía de una guerra de agresión por acceso al mar Rojo

Hace 3 horas

Eritrea lanzó una acusación directa contra Etiopía y señaló al primer ministro Abiy Ahmed de impulsar una salida al mar Rojo por la fuerza, en plena escalada de tensiones en el Cuerno de África. El señalamiento reabre el riesgo de una crisis regional con ecos sobre Tigray y la frágil estabilidad fronteriza.

Eritrea acusó este jueves a Etiopía de estar librando una “guerra de agresión” y responsabilizó al primer ministro Abiy Ahmed de perseguir una salida al mar Rojo “por la fuerza si es necesario”, una denuncia que eleva de nuevo la tensión entre dos países cuyas relaciones han oscilado entre el acercamiento táctico y la hostilidad abierta. El señalamiento, hecho por el ministro de Información eritreo, Yemane Gebremeskel, coloca en el centro una disputa geopolítica que nunca terminó de cerrarse desde el conflicto de Tigray.

De acuerdo con la versión difundida por Asmara, la postura de Addis Abeba no responde a un diferendo diplomático aislado, sino a una ambición estratégica que podría arrastrar a ambos países a una nueva confrontación. Eritrea interpreta los movimientos y discursos del gobierno etíope como una amenaza directa a su soberanía, especialmente por la obsesión de Etiopía con recuperar acceso al mar Rojo, una salida comercial y militar que perdió hace décadas tras la independencia eritrea. La acusación no es menor: en la región, este tipo de lenguaje suele anticipar un deterioro más amplio de la seguridad fronteriza.

El contexto importa porque el Cuerno de África sigue siendo uno de los tableros más volátiles del continente. Etiopía, un país de más de 120 millones de habitantes y sin litoral, lleva años buscando alternativas para reducir su dependencia de puertos extranjeros, mientras Eritrea mantiene una relación marcada por la desconfianza hacia cualquier intento de revisión del equilibrio territorial y marítimo. La guerra de Tigray, que dejó cicatrices profundas y reacomodos militares en la zona, demostró que las tensiones entre ambos Estados pueden escalar rápidamente y arrastrar a actores regionales. Para la población civil, el riesgo no es abstracto: significa más militarización, más desplazamiento y menos margen para una recuperación económica que ya venía golpeada.

Lo que hoy parece un cruce de acusaciones puede convertirse en algo más serio si no hay contención diplomática. En el fondo, la pelea no es solo por una franja de agua o un puerto; es por poder, seguridad y supervivencia estratégica en una región donde cualquier movimiento fronterizo tiene consecuencias inmediatas. Si Abiy insiste en su discurso sobre el mar y Eritrea responde cerrando filas, el resultado puede ser una nueva espiral de confrontación en una zona que todavía no ha terminado de sanar de la guerra anterior.

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