España reabre el debate sobre su oro en la Reserva Federal de EE UU

Imagen: El País
España vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: si conviene dejar su oro en la Reserva Federal de EE UU o moverlo a territorio propio. El debate crece en Europa mientras varios bancos centrales repatrian reservas para ganar margen en un escenario geopolítico cada vez más volátil.
La custodia del oro español depositado en la Reserva Federal de Nueva York ha dejado de ser un asunto técnico para convertirse en una decisión política de fondo. En un momento en que la tensión geopolítica, la guerra en Ucrania y el uso de los activos financieros como herramienta de presión han sacudido la confianza en el sistema internacional, España se ve obligada a preguntarse si mantener parte de sus reservas en EE UU sigue siendo la opción más prudente o, por el contrario, una vulnerabilidad innecesaria.
Según informó El País, el debate no es exclusivo de Madrid. Varios bancos centrales de la eurozona han optado en los últimos años por repatriar lingotes o redistribuir sus reservas entre distintas jurisdicciones con el objetivo de reforzar su autonomía estratégica. La lógica detrás de ese movimiento es clara: en tiempos de incertidumbre, quien controla físicamente su oro reduce riesgos operativos, jurídicos y políticos. No se trata solo de seguridad financiera, sino de soberanía. El oro, que durante décadas fue visto como un activo pasivo de respaldo, vuelve a adquirir valor como reserva de poder.
El caso español refleja una tensión más amplia dentro de Europa. Por un lado, mantener las reservas en la Reserva Federal aporta una custodia considerada segura, liquidez y una relación histórica de confianza con Estados Unidos. Por otro, la experiencia reciente ha enseñado que el tablero global puede cambiar rápido y que los activos localizados fuera del país de origen no están completamente blindados frente a decisiones ajenas. Para una ciudadanía que lidia con inflación, tipos de interés altos y un crecimiento económico todavía desigual, estas discusiones pueden parecer lejanas, pero tienen una traducción concreta: revelan cómo los Estados preparan su defensa ante crisis futuras y cómo protegen el ahorro nacional frente a shocks externos.
En el fondo, el dilema español es el mismo que enfrentan otras economías avanzadas: hasta qué punto la globalización financiera sigue ofreciendo seguridad en un mundo que se fragmenta. Repatriar oro no resuelve por sí solo los riesgos de una crisis internacional, pero sí envía una señal política: los gobiernos quieren depender menos de terceros cuando se trata de sus activos más sensibles. En una época en la que la estabilidad ya no se da por sentada, el metal amarillo vuelve a ser mucho más que una reliquia de otro siglo.


