Colombia busca dar el salto para liderar el turismo en América Latina
Imagen: El Tiempo - Política
Colombia tiene una oportunidad real de pelear el liderazgo turístico en América Latina, pero el reto no es solo atraer más visitantes: es sostener seguridad, infraestructura y promoción. La ministra Diana Marcela Morales plantea que el país está en un punto de inflexión para convertir ese potencial en una ventaja concreta.
Colombia está en una encrucijada que puede definir su papel en el mapa turístico de América Latina: o aprovecha el momento para consolidarse como un destino líder de la región, o deja pasar otra oportunidad en un sector que mueve empleo, inversión y reputación internacional. La ministra de Comercio, Industria y Turismo, Diana Marcela Morales, sostiene que el país vive una fase decisiva para transformar su atractivo natural y cultural en una estrategia sostenida de crecimiento. Y esa afirmación no es menor: en turismo no gana solo quien tiene paisajes, sino quien logra convertirlos en experiencia, confianza y conectividad.
El diagnóstico oficial parte de una realidad que Colombia ya conoce bien. El país tiene una oferta difícil de igualar: diversidad geográfica, patrimonio histórico, gastronomía, ciudades con identidad propia y una ventaja que pocos competidores de la región pueden exhibir con tanta fuerza. Pero el salto de candidato prometedor a destino líder exige algo más que una buena campaña. Requiere mejorar la conectividad aérea y terrestre, reforzar la infraestructura en zonas clave, elevar los estándares de seguridad para visitantes y comunidades, y sostener una promoción internacional que no dependa únicamente de temporadas altas o de coyunturas mediáticas. De acuerdo con la ministra Morales, el momento actual obliga a coordinar esfuerzos entre Gobierno, sector privado y territorios si el objetivo es traducir el potencial en resultados concretos.
El asunto importa porque el turismo no es un lujo ni una actividad secundaria: en economías como la colombiana puede convertirse en una palanca de empleo formal, dinamización regional y diversificación productiva. En regiones donde la industria, el comercio o el agro no alcanzan a absorber suficiente mano de obra, el turismo puede ser una vía rápida para mover restaurantes, transporte, guías, hospedaje y emprendimientos locales. Pero también es un sector frágil: cualquier percepción de inseguridad, encarecimiento de tarifas o deficiencia en servicios golpea de inmediato la decisión de viaje. Por eso, si Colombia quiere competir con México, República Dominicana, Costa Rica o incluso con algunos destinos del Caribe y Sudamérica, no basta con vender belleza; debe garantizar experiencia, orden y confianza. Ahí está la verdadera prueba de madurez.
En términos políticos y económicos, la apuesta del Gobierno es clara: usar el turismo como una vitrina de país y como una herramienta de desarrollo territorial. La discusión de fondo, sin embargo, va más allá del discurso oficial. La pregunta relevante no es si Colombia tiene con qué atraer visitantes —eso ya está probado—, sino si tiene la capacidad institucional y logística para sostener el crecimiento sin improvisación. Si logra hacerlo, el país no solo ganaría divisas; también podría reconfigurar su imagen internacional y abrir oportunidades más estables para miles de familias que dependen, directa o indirectamente, de esta industria.




