Gobierno de De La Espriella fija reglas para hablar con la prensa y centraliza la comunicación oficial
Imagen: El Tiempo - Política
Una directiva presidencial fija cómo deberá comunicarse el Gobierno de Abelardo De La Espriella con la prensa y qué tono seguirán los funcionarios frente a los medios. El documento, dirigido a ministros y altos cargos, busca ordenar el mensaje oficial y blindar la narrativa del Ejecutivo.
El Gobierno de Abelardo De La Espriella dejó por escrito cómo quiere hablarle al país y, sobre todo, cómo quiere que sus funcionarios se relacionen con la prensa. Se trata de una directiva presidencial firmada por el jefe de Estado y enviada a ministros y demás integrantes del Ejecutivo, un documento que no solo establece lineamientos de comunicación, sino que también marca el estilo político con el que esta administración pretende administrar la información pública.
Según informó El Tiempo - Política, la instrucción está dirigida a ordenar la vocería oficial dentro del Gobierno y a fijar criterios para la atención de medios de comunicación. En la práctica, eso significa que el Ejecutivo busca centralizar mensajes, reducir improvisaciones y alinear a sus funcionarios alrededor de una misma narrativa. En un país donde las tensiones entre el poder y la prensa suelen escalar rápido, una decisión de este tipo no es un simple trámite interno: es una señal de cómo entiende el Gobierno su relación con la opinión pública y con el escrutinio periodístico.
El movimiento importa porque la comunicación estatal no es un asunto menor ni decorativo. En gobiernos con alta exposición política, la forma en que se contesta a los medios puede fortalecer la transparencia o, por el contrario, convertirse en un mecanismo para controlar el mensaje y limitar el acceso a información incómoda. Cuando un presidente emite una directiva de este tipo, también está enviando un mensaje hacia adentro del gabinete: quién puede hablar, qué puede decirse, y bajo qué criterios debe responderse ante preguntas sobre decisiones sensibles, controversias o crisis. Para la ciudadanía, esto termina teniendo efectos concretos, porque la calidad de la información pública incide en la capacidad de controlar al poder.
La discusión de fondo no es solo comunicacional, sino política. Este tipo de lineamientos suele aparecer cuando un gobierno quiere cerrar filas, evitar contradicciones entre sus voceros y proyectar disciplina institucional. Pero también abre preguntas legítimas: ¿se está fortaleciendo la coordinación gubernamental o se está levantando una barrera entre el Ejecutivo y la prensa? La respuesta dependerá de cómo se aplique la directiva en la práctica. Si se traduce en claridad, rendición de cuentas y mensajes verificables, puede ayudar a ordenar la relación con los medios. Si, en cambio, termina sirviendo para filtrar preguntas y reducir el margen de control periodístico, el costo lo pagará el debate público y, en última instancia, la ciudadanía que necesita saber qué está haciendo su gobierno.


