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EE. UU. dice ver voluntad de paz entre Ucrania y Rusia, pero admite que falta el esquema

Hace 3 horas

Washington insiste en que hay voluntad política en Kiev y Moscú para cerrar la guerra, pero el verdadero obstáculo sigue siendo la arquitectura del acuerdo. Jared Kushner dijo que falta encontrar la fórmula que ordene el proceso y haga viable un pacto de paz.

Estados Unidos volvió a enviar una señal de optimismo sobre la guerra en Ucrania: tanto Kiev como Moscú, según el enviado especial estadounidense Jared Kushner, estarían dispuestos a buscar una salida negociada, aunque el gran freno sigue siendo técnico y político a la vez: no existe todavía un mecanismo aceptable para ordenar el cierre del conflicto. La afirmación, atribuida por infobae mundo a Kushner, apunta a una idea clave en esta etapa de la guerra: no basta con que las partes digan que quieren terminarla, también necesitan acordar cómo hacerlo sin que una concesión de hoy se convierta en una derrota estratégica mañana.

Kushner, yerno de Donald Trump y figura con acceso directo a la órbita republicana, sostuvo que la disposición existe en ambos lados, pero que el avance depende de dar con “la fórmula adecuada”. Traducido al lenguaje diplomático, eso significa resolver el orden de los pasos, las garantías de seguridad, el cese de hostilidades, el control territorial y el tipo de verificación internacional que podría sostener un acuerdo. No es un detalle menor: en guerras de este tipo, el mayor problema suele ser precisamente convertir una voluntad política general en un esquema concreto que reduzca la desconfianza. Ucrania teme que un alto el fuego sin garantías solo le conceda a Rusia tiempo para reagruparse; Moscú, por su parte, busca preservar ganancias territoriales y evitar un desenlace que pueda venderse internamente como una retirada forzada.

El mensaje de Washington importa porque revela algo más amplio que una simple declaración de buena voluntad: Estados Unidos está intentando mantener abierta la vía diplomática en un conflicto que ha desbordado a Europa y ha golpeado la economía global, desde la energía hasta los alimentos. Si la Casa Blanca o el entorno de Trump creen que existe margen para empujar una negociación, eso puede influir en la estrategia de aliados, en la presión sobre Kiev y en la lectura que haga el Kremlin sobre el tiempo político disponible. Pero la frase de Kushner también deja al descubierto la fragilidad del momento: hablar de paz es relativamente fácil; construirla, con dos gobiernos que siguen midiendo costos militares, internos y geopolíticos, es otra historia. Para Ucrania, cualquier negociación condiciona su soberanía y su mapa futuro; para Rusia, puede significar salir del aislamiento o quedar atrapada en una guerra prolongada sin victoria clara. Y para Washington, el reto es evitar que el discurso de salida rápida termine premiando la fuerza sobre la negociación.

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