EE. UU. golpea a la Guardia Revolucionaria iraní en una zona clave del estrecho de Ormuz

Imagen: infobae mundo
Estados Unidos afirmó haber destruido dos lanzadores de la Guardia Revolucionaria iraní en la isla de Larak, en medio de la creciente tensión en el estrecho de Ormuz. Washington dice que las tropas se preparaban para minar una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
Estados Unidos elevó este lunes la presión militar sobre Irán al atacar dos lanzadores de la Guardia Revolucionaria en la isla de Larak, frente al estratégico estrecho de Ormuz, según informó infobae mundo con base en declaraciones del portavoz del Comando Central estadounidense, Tim Hawkins. El funcionario aseguró que los efectivos iraníes se preparaban para desplegar minas navales en esa franja marítima, una maniobra que Washington interpreta como una amenaza directa para la navegación comercial y la seguridad regional.
La operación no es un episodio aislado ni un gesto táctico menor. El estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del planeta para el flujo de petróleo y gas, porque por allí transita una parte sustancial del crudo que alimenta los mercados globales. Cualquier movimiento militar en esa zona dispara la alerta internacional, no solo por el riesgo de una escalada entre Estados Unidos e Irán, sino también por sus posibles efectos inmediatos sobre el precio de la energía, el transporte marítimo y la estabilidad económica de países importadores, incluidos varios de América Latina. En ese contexto, la versión difundida por el Comando Central busca dejar en claro que Washington actuó para impedir una posible acción ofensiva iraní antes de que se concretara.
Larak, ubicada en una posición clave dentro del entramado militar iraní en el golfo Pérsico, ha sido durante años un punto de interés estratégico por su cercanía a una de las rutas marítimas más vigiladas del mundo. La acusación estadounidense de que la Guardia Revolucionaria se disponía a colocar minas navales refuerza una narrativa ya conocida: la de un conflicto soterrado entre ambos países que se libra tanto en el terreno diplomático como en el marítimo y de inteligencia. Para la administración de Washington, la lectura es que Irán mantiene capacidad para desestabilizar un corredor energético vital; para Teherán, este tipo de acciones suelen presentarse como parte de la presión militar estadounidense en aguas cercanas a su territorio.
Más allá del intercambio de versiones, el episodio muestra que el estrecho de Ormuz sigue siendo un termómetro de la tensión en Medio Oriente. Cada operación de este tipo eleva el riesgo de represalias y alimenta un clima de incertidumbre que termina afectando a actores mucho más amplios que los dos gobiernos enfrentados. Si la escalada continúa, el impacto podría sentirse en los mercados, en las cadenas logísticas globales y en el bolsillo de consumidores que están lejos del golfo Pérsico, pero dependen de su estabilidad para que la economía mundial no entre en otra fase de presión sobre los precios.



