Lalis acusa a Abelardo de la Espriella de replicar la “rosca” en su Gobierno

Imagen: infobae colombia
Lalis lanzó un duro cuestionamiento al presidente Abelardo de la Espriella por lo que considera señales de una “rosca” en los primeros movimientos de su Gobierno. La discusión se encendió tras el anuncio de una revisión a la contratación estatal y abrió dudas sobre la coherencia entre campaña y gobierno.
La representante a la Cámara Lalis elevó la presión sobre Abelardo de la Espriella al poner en duda la coherencia entre las promesas de campaña y las primeras decisiones de su Gobierno. La congresista cuestionó que, mientras el mandatario habla de revisar la contratación estatal, las designaciones iniciales y el tono de sus movimientos administrativos podrían estar reproduciendo exactamente aquello que prometió corregir: el cierre de filas alrededor de un círculo de confianza con acceso privilegiado al poder.
El señalamiento, según informó infobae colombia, se produjo a propósito del anuncio presidencial de una revisión de la contratación pública, una medida que en principio busca mostrar control, transparencia y orden dentro del aparato estatal. Sin embargo, para Lalis, la discusión no se agota en la promesa de auditorías o ajustes técnicos: el verdadero examen está en quiénes están llegando a los cargos, con qué criterios y si el Gobierno está construyendo un sistema abierto o, por el contrario, una nueva red de favores políticos. En esa línea, la congresista acusó al mandatario de “montar su propia rosca”, una expresión que en Colombia tiene peso político y social porque remite a la vieja práctica del reparto de puestos, contratos e influencia entre allegados.
La controversia importa porque toca una de las fibras más sensibles de cualquier administración: la contratación pública. En Colombia, ese terreno ha sido históricamente uno de los focos más delicados de corrupción, clientelismo y captura institucional. Por eso, cuando un gobierno llega prometiendo depuración y termina enfrentado a sospechas por sus nombramientos iniciales, el golpe no es solo reputacional; también erosiona la confianza ciudadana en que los recursos públicos serán administrados con criterio técnico y no con lealtades personales. En términos prácticos, lo que está en juego afecta desde la ejecución de obras hasta la prestación de servicios básicos, y termina impactando a la gente de a pie que depende de un Estado eficiente para ver resultados concretos.
El choque entre Lalis y el presidente también deja ver el costo político de gobernar bajo la expectativa de ruptura con el pasado. La ciudadanía suele conceder un margen inicial a los nuevos gobiernos, pero ese margen se reduce rápido cuando aparecen señales contradictorias entre discurso y práctica. Si la revisión de la contratación estatal se convierte en una herramienta real de control, podría fortalecer la legitimidad del Ejecutivo; si, por el contrario, se percibe como una pantalla mientras se consolida una estructura de favores, el Gobierno arriesga perder capital político muy temprano. En un país acostumbrado a desconfiar de la burocracia, la discusión ya no es solo sobre nombramientos: es sobre si esta administración va a desarmar la vieja lógica de la rosca o a reempacarla con otro nombre.




