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EE. UU. sube la presión comercial y Argentina podría quedar alcanzada por nuevos aranceles

Hace 7 horas

Washington elevó la presión comercial sobre Canadá con un arancel del 50% y dejó en el aire nuevas sanciones para otros 60 países. Argentina aparece en la lista potencial, aunque su caso depende de un tratado firmado en febrero que luego quedó frenado por la Corte Suprema.

Estados Unidos volvió a mover con fuerza la ficha comercial y abrió un frente de incertidumbre para decenas de países, incluida la Argentina. Según informó Clarín Colombia, la Casa Blanca castiga a Canadá con un arancel del 50 por ciento y al mismo tiempo prepara sanciones para otros 60 socios comerciales, una lista en la que podría aparecer Buenos Aires. El dato no es menor: en un escenario de endurecimiento global, cualquier país con exportaciones sensibles al mercado estadounidense queda expuesto a un encarecimiento inmediato de sus ventas y a una negociación más áspera con Washington.

En el caso argentino, el punto clave es jurídico y político a la vez. El país firmó en febrero un Tratado de Comercio e Inversión que luego quedó anulado por un fallo de la Corte Suprema, por lo que el acuerdo terminó en una especie de limbo institucional. Ese pacto incluía cláusulas vinculadas al trabajo forzado y, por esa razón, fuentes ligadas a las negociaciones consultadas por Clarín sostienen que a la Argentina le correspondería ahora un arancel general del 10 por ciento, similar al que contemplaba el propio tratado. Sin embargo, en este tipo de definiciones, advierten esas mismas fuentes, nada está cerrado hasta que la administración estadounidense publique el paquete completo y se conozcan los criterios finales de aplicación.

El trasfondo es más amplio que una disputa puntual. Estados Unidos está utilizando los aranceles como herramienta de presión geopolítica y comercial, una estrategia que afecta tanto a aliados históricos como a economías medianas que dependen del acceso al mercado norteamericano. Para Canadá, un arancel del 50 por ciento equivale a una señal de castigo de enorme magnitud; para Argentina, aunque el 10 por ciento suene moderado en comparación, implicaría un golpe directo para sectores exportadores que compiten con márgenes estrechos, desde alimentos hasta manufacturas. En la práctica, este tipo de medidas suele trasladarse a precios más altos, menos previsibilidad para las empresas y más tensión para gobiernos que intentan sostener empleo y divisas en medio de una economía frágil.

La pregunta de fondo es si Washington está redefiniendo las reglas del comercio con un criterio más político que técnico. Si la lista de 60 países avanza como anticipan las fuentes consultadas, el impacto no se limitará a cancillerías y ministerios de economía: también puede sentirse en puertos, cadenas logísticas, exportadoras y, finalmente, en el bolsillo de consumidores y trabajadores. Para Argentina, el desafío será doble: esperar el anuncio formal y, al mismo tiempo, evitar que un nuevo capítulo de la guerra arancelaria la deje atrapada entre la necesidad de vender afuera y la dificultad de adaptarse a un tablero cada vez más hostil.

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