Washington congela el diálogo con Canadá tras subir la presión arancelaria al 50%
Imagen: infobae estados unidos
Estados Unidos cerró la puerta, al menos por ahora, a retomar el diálogo comercial con Canadá tras imponer nuevos aranceles del 50%. La Casa Blanca sostiene que ofreció una salida favorable, pero culpa a Ottawa de haber frustrado las conversaciones.
Washington endureció su pulso comercial con Canadá y, por ahora, no ve espacio para volver a la mesa. Jamieson Greer, representante comercial de la Casa Blanca, aseguró que no existen contactos previstos para reactivar el diálogo con Ottawa después de la decisión de imponer nuevos aranceles del 50%, una señal de que la relación bilateral entra en una fase de mayor tensión y menor margen político para la negociación.
La declaración de Greer no solo confirma el congelamiento de las conversaciones, sino que además traslada a Canadá la responsabilidad por el fracaso de los últimos acercamientos. Según informó infobae estados unidos, el funcionario sostuvo que Washington había puesto sobre la mesa condiciones favorables para alcanzar un acuerdo, pero que esas ofertas no prosperaron. Con ese mensaje, la administración estadounidense intenta presentar su nueva ronda de aranceles no como una ruptura unilateral, sino como la consecuencia de un diálogo que, desde su perspectiva, no encontró respuesta del lado canadiense.
El problema, sin embargo, va más allá del intercambio de acusaciones. Canadá es uno de los socios comerciales más relevantes de Estados Unidos y cualquier escalada arancelaria termina impactando cadenas de suministro, costos de importación y precios finales en sectores sensibles como manufactura, energía, automotriz y alimentos. En la práctica, una medida de este tipo no se queda en el nivel diplomático: puede golpear a empresas medianas y pequeñas, encarecer insumos y añadir presión a consumidores que ya cargan con una economía marcada por la incertidumbre y la volatilidad comercial. Para Washington, el mensaje también tiene una lectura interna: mostrar firmeza frente a un socio histórico en medio de una política exterior que privilegia el uso de la presión económica como herramienta de negociación.
Lo que ocurra en las próximas semanas será clave para medir si esta escalada es un golpe táctico o el inicio de una disputa más duradera entre dos economías profundamente interdependientes. Si no aparece una salida política, el costo podría sentirse a ambos lados de la frontera, con efectos directos sobre empleo, precios y competitividad. En un momento en que Estados Unidos busca reforzar su posición comercial global, el choque con Canadá revela que incluso los aliados más cercanos pueden convertirse en blanco de una estrategia de confrontación económica.



