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Estados Unidos sanciona 17 buques y golpea la red petrolera de Irán

Hace 5 horas

Estados Unidos endureció su ofensiva contra la red petrolera iraní y sancionó a 17 buques y a las navieras que los operan. La medida apunta a cortar uno de los últimos canales de ingreso para Teherán mientras siguen las negociaciones para frenar la guerra y reabrir Ormuz.

Estados Unidos volvió a apretar el cerco financiero y marítimo contra Irán al sancionar a 17 buques y a las empresas navieras vinculadas con el transporte de petróleo y petroquímicos, en una decisión que busca golpear la caja del régimen en uno de sus puntos más sensibles: la exportación de crudo. Según informó infobae mundo, Washington intenta cerrar con sanciones lo que el bloqueo naval no ha conseguido detener del todo, en medio de un escenario en el que Teherán todavía tendría cerca de 20 millones de barriles flotando fuera del cerco.

La ofensiva de la Casa Blanca no se limita a castigar barcos. También apunta a la estructura comercial que permite mover petróleo iraní hacia mercados dispuestos a esquivar las restricciones internacionales. El Tesoro estadounidense considera que esa red logística sigue siendo una válvula de escape para los ingresos de Teherán, incluso mientras se mantienen intercambios de propuestas entre ambos gobiernos para intentar poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más delicadas del planeta.

El trasfondo es más grande que una simple ronda de sanciones. Washington sabe que presionar el comercio marítimo iraní puede afectar de inmediato la capacidad del país para financiar su aparato estatal y sostener su influencia regional, pero también corre el riesgo de aumentar la tensión en el golfo Pérsico y complicar una negociación ya frágil. Ormuz no es un detalle geográfico: por allí pasa una parte decisiva del petróleo mundial, de modo que cualquier escalada tiene impacto directo sobre los precios de la energía, el comercio global y la estabilidad de los mercados.

Para Estados Unidos, esta jugada combina castigo y mensaje político. Por un lado, busca demostrar que todavía tiene herramientas para bloquear el flujo de crudo iraní aunque el control naval tenga límites operativos. Por el otro, intenta empujar a Teherán a una mesa de negociación desde una posición más débil. El problema es que cada sanción sobre buques y navieras acerca la posibilidad de una respuesta iraní en el estrecho de Ormuz, donde una escalada mal calculada podría traducirse en presión sobre consumidores, transportistas y economías enteras que dependen de esa ruta.

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