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Fracasa el acuerdo entre Washington y Ottawa y Trump activa nuevos aranceles

Hace 1 hora

Estados Unidos y Canadá chocaron en el último intento de cerrar un acuerdo comercial y los nuevos aranceles impulsados por Donald Trump empezarán a aplicarse. Ottawa, según Washington, rechazó cerrar el trato bajo los términos pactados a inicios de la semana.

Estados Unidos y Canadá no lograron cerrar un acuerdo comercial de última hora y, como consecuencia, comenzarán a regir los nuevos aranceles impulsados por Donald Trump. El anuncio llegó después de una ronda final de conversaciones el viernes que terminó sin entendimiento, en un nuevo episodio de tensión entre dos socios históricos que dependen profundamente uno del otro para mover mercancías, empleos y cadenas de suministro a ambos lados de la frontera.

Según informó infobae mundo, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, aseguró que Ottawa se negó a sellar el tratado en los términos que, de acuerdo con Washington, ya habían sido acordados a comienzos de esta semana. Esa versión deja en claro que el choque no fue por falta de diálogo, sino por el desgaste de una negociación que terminó chocando con los límites políticos y económicos de ambos gobiernos. En la práctica, el fracaso abre la puerta a una nueva etapa de presión comercial desde la Casa Blanca, con efectos que podrían sentirse de inmediato en sectores sensibles como el automotriz, el acero, la manufactura y la logística transfronteriza.

El trasfondo de esta ruptura va más allá de una disputa técnica. Trump ha convertido los aranceles en una herramienta central de su agenda económica y política, y Canadá vuelve a quedar atrapado en esa estrategia, pese a ser uno de los aliados más cercanos de Washington. Cuando un acuerdo de este tipo se rompe en el último minuto, el impacto no se limita a los gobiernos: también golpea a empresas medianas, productores agrícolas, transportistas y consumidores, que terminan absorbiendo parte del aumento en costos. En ambos países, la incertidumbre comercial suele traducirse en freno a inversiones, subidas de precios y presión sobre empleos vinculados al comercio bilateral, uno de los más grandes del mundo.

Lo ocurrido también envía una señal incómoda para el resto de América del Norte. Si Estados Unidos endurece su postura con Canadá, el mensaje hacia México y otros socios comerciales es evidente: el tablero comercial vuelve a depender de la lógica de la presión y no de la estabilidad de largo plazo. Para la gente común, eso significa productos más caros, empresas con menos margen y una relación económica entre vecinos que entra otra vez en terreno volátil. En un momento de inflación persistente y desaceleración en varias economías, el costo de una disputa así rara vez se queda en los despachos oficiales; termina llegando al bolsillo de millones de personas.

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