Política

De La Espriella apuesta su gobierno a golpear a los cabecillas armados

Hace 4 horas

Desde su llegada al poder, el Gobierno de Abelardo De La Espriella ha querido mostrar resultados rápidos en la ofensiva contra los cabecillas de grupos armados. La apuesta busca enviar un mensaje de control territorial, pero también deja abiertas dudas sobre la sostenibilidad de esa estrategia.

Desde el arranque de su mandato, el Gobierno de Abelardo De La Espriella ha intentado convertir la ofensiva contra los cabecillas de grupos armados en una de sus principales cartas políticas y de seguridad. El mensaje es claro: la administración quiere dejar la impresión de que no habrá tregua para quienes dirigen estructuras ilegales, y que la lucha contra los delincuentes será uno de los ejes visibles de estos cuatro años. En un país donde la seguridad sigue siendo una de las mayores preocupaciones ciudadanas, cada golpe contra esas redes no solo se lee como un operativo exitoso, sino como una prueba de autoridad del Estado.

Según informó El Tiempo - Política, el presidente ha insistido desde el comienzo en que la lucha contra los delincuentes sería un pilar de su cuatrienio. Esa promesa, en la práctica, se traduce en una presión permanente sobre los mandos medios y altos de grupos armados, en una ofensiva que busca desarticular cadenas de mando más que simplemente capturar hombres en territorio. El Gobierno ha querido poner el foco en los cabecillas porque entiende que allí se concentra la capacidad real de estos grupos para ordenar secuestros, extorsiones, narcotráfico, homicidios y control social sobre comunidades enteras. No se trata solo de operativos: también hay una apuesta simbólica por demostrar que el poder criminal puede ser golpeado en su centro.

Pero la lectura de fondo es más compleja. En Colombia, la captura o neutralización de cabecillas ha sido históricamente necesaria, pero rara vez suficiente. Cuando un mando cae, la estructura suele recomponerse, aparecen reemplazos y, en algunos casos, se intensifica la disputa territorial entre facciones rivales. Por eso importa no solo cuántos golpes da el Gobierno, sino qué tanto se sostiene esa presión en el tiempo y si va acompañada de control institucional, inteligencia sólida, presencia social del Estado y oportunidades económicas en las zonas más golpeadas por la violencia. Para la gente de a pie, especialmente en regiones donde mandan los grupos armados, lo decisivo no es el anuncio oficial sino si bajan los homicidios, las extorsiones y los confinamientos.

En ese sentido, el balance que empiece a construirse alrededor de estos primeros golpes será determinante para medir la credibilidad del discurso de seguridad de De La Espriella. Si los resultados se traducen en menor capacidad operativa de las organizaciones criminales, el Gobierno ganará margen político y respaldo ciudadano. Si, por el contrario, las capturas no logran frenar la violencia o provocan reacomodos más agresivos, la promesa de mano dura quedará expuesta a su prueba más difícil: demostrar que el Estado no solo persigue cabecillas, sino que recupera territorio y protege a las comunidades que llevan años viviendo bajo amenaza.

Noticias relacionadas