Política

Leyva acusa al Gobierno Petro de un supuesto plan para sabotear a De La Espriella

Hace 5 horas

Álvaro Leyva volvió a sacudir el tablero político al denunciar un supuesto plan del gobierno de Gustavo Petro para sabotear a Abelardo De La Espriella. La acusación, que según el exministro provendría de distintas carteras, abre un nuevo frente de tensión en medio de la polarización.

Álvaro Leyva, excanciller y uno de los protagonistas más polémicos del círculo político reciente, lanzó una acusación que vuelve a poner al gobierno de Gustavo Petro bajo escrutinio: aseguró que existiría un supuesto plan desde varias dependencias oficiales para afectar a Abelardo De La Espriella. Según informó El Tiempo - Política, Leyva habló de una presunta “operación de sabotaje”, una denuncia que, por su gravedad, no solo añade ruido al debate público sino que profundiza las sospechas sobre el uso del poder estatal en medio de la confrontación política.

De acuerdo con lo revelado por el exfuncionario, la denuncia no saldría de un único despacho sino de diferentes ministerios, lo que eleva la inquietud sobre la posible articulación de acciones institucionales contra un adversario incómodo para el Gobierno. Leyva no aportó, al menos en la información conocida hasta ahora, evidencia pública que permita verificar de inmediato el alcance de sus señalamientos, pero sí instaló en la discusión una pregunta de fondo: si lo que describe tiene sustento, estaríamos ante un caso que tocaría los límites entre la disputa política legítima y el uso indebido de la maquinaria estatal.

El episodio importa porque Colombia vive desde hace años una erosión de confianza en sus instituciones, alimentada por la sensación de que el poder se usa para castigar, premiar o neutralizar rivales. En ese contexto, cualquier denuncia sobre supuestas maniobras de sabotaje —más aún si involucra ministerios— impacta no solo la imagen del Gobierno, sino también la credibilidad de la administración pública. Y aunque por ahora se trata de una acusación en boca de un exfuncionario con trayectoria y también con cuentas políticas pendientes, el señalamiento obliga a mirar con atención si habrá respuestas oficiales, desmentidos formales o investigaciones que aclaren si detrás de este nuevo pulso hay hechos verificables o una nueva batalla de narrativa.

Más allá del nombre de Abelardo De La Espriella, la controversia revela algo más profundo: la política colombiana sigue atrapada en una lógica de confrontación donde las denuncias, ciertas o no, terminan ocupando el centro de la agenda. Para la ciudadanía, el riesgo es evidente: cuando se instala la percepción de que el Estado actúa como aparato de retaliación, se debilita la idea misma de institucionalidad. Y eso, en un país ya fatigado por la desconfianza, pesa tanto como cualquier escándalo inmediato.

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